martes, 27 de septiembre de 2011

La cola (Vol.II)

Esta última cola estaba resultando más larga que las demás. 
Twisted tornado”, la montaña rusa más espectacular del parque temático, con suficientes loopings y revueltas como para perder el hambre si no se ha comido todavía o sentir nauseas y ganas de devolver el perrito caliente, ingerido media hora antes en una de las paradas de comida rápida de “Villa Jalisco”. Los visitantes del parque acudían a esta atracción en masa como moscas a un buffet de mierda.

    -    …
    -    O el sol te ha acabado por joder la cabeza o te has quedado sin palabras.
    -    Cincuenta por ciento. Te estas quedando conmigo, ¿no?
    -    Para nada.
    -    En serio, ¿estabas… con un tío?
    -    Sí.
    -    …pero tú, ¿desde cuando…?
    -    Pues supongo que tras abandonar la adolescencia inicial, aunque tampoco existe una fecha específica. Sí, más o menos cuando empezábamos a salir por ahí en busca de chicas.
    -    …
    -    Me daba cuenta que me excitaba tanto seducir a tías o como a tíos. Y poco a poco fui yendo algo más lejos de tontear solamente.
    -    Pero tú siempre has estado con tías y… ¡joder, llegaste a casarte y todo!
    -    Sí, ese fue el error. Al principio creía que era algo divertido, sin más. Iba de aquí para allá picando de todo plato al que me apeteciese echar mano.
Cuando conocí a mi todavía mujer, pensé que me dejaría de tonterías y me centraría. Pero supongo que uno no puede fingir lo que siente realmente.
    -    Entonces, ¿eres… gay?
    -    No, no creo. Digamos que en lugar de escoger, prefiero no descartar ningún sexo.
    -    Dicho así suena hasta bien.
    -    Ya. De cualquier manera, lo último que debía hacer, a pesar de lo mucho que quería, y quiero aún, a mi mujer, era comprometerme. Al menos sin tener claro con que sexo quería acostarme cada día.
    -    …joder… aún no acabo de hacerme a la idea de que tú… con otros tíos… ¡Uff, sólo con pensarlo…!
    -    Tómate tu tiempo. Y como intuyo que aún nos queda una media hora más de cola por delante, me voy a mear, tío. ¡Y no dejes que se te cuelen!

La cola acogía personas de toda índole. Niños demasiado jóvenes para semejante atracción (y a los que el corazón se les hacía pedazos en cuanto, finalizada la eterna espera, descubrían con horror que no alcanzaban la altura mínima exigible); señores demasiado mayores para semejante atracción; desinhibidos sin camiseta; desinhibidas en bikini; extranjeros con toda su familia a cuestas a los que todo les parecía bien; alumnos luciendo camiseta de viaje de fin de curso…
Detrás del lugar que ocupábamos en la cola, aguardaba, con loable estoicidad, un padre con dos niños, mellizos, de unos diez o doce años. Se habían estado peleando por un granizado de frambuesa desde que se habían colocado detrás de nosotros. El padre había logrado alcanzar tal estado de impasibilidad que, si la pareja de pequeños cabrones hubiese sido abducida entre todo el gentío, no habría parpadeado siquiera.
Delante, dos jóvenes parejas intentaban minimizar el tiempo de espera entre mimos y chistes tontos. La cosa estaba descompensada. Uno, escuálido, feo y de nariz ganchuda; el otro, gordo, con alopecia prematura y, aparentemente, algo tonto. Ellas, monas, mucho más agradables a la vista y al tacto que sus respectivas parejas. Estaba claro que a ellos les había tocado el premio gordo y a ellas la pedrea. Y seguro que los dos infelices ni se percataban. Demasiado pollo para tan poco arroz, como dice aquel.

Mi amigo abandonó la cola con destreza, sorteando todo tipo de obstáculos, hasta encontrarse con mi pareja. Intercambiaron unas palabras, bebió de la botella de agua que ella llevaba y se separaron de nuevo.
Ella, como ahora estaba haciendo mi amigo, había aprovechado el lento avance de la cola para refrescarse en una fuente, que emulaba ser un cubo agujereado por la acertada puntería de algún forajido, y para comprar agua fresca para los tres.
Se reunió conmigo, me besó en la mejilla y se sentó en una de las barandillas que daban forma al laberíntico recorrido que debíamos sufrir antes de poder montar en el “Twisted tornado”, al que había ido cogiendo algo de tirria progresivamente.

    -    Pensaba que estaría algo más afectado, ¿no?
    -    Sí, sí, está bastante bien. Creo que mejor que ella, incluso.
    -    ¿Habéis… hablado sobre el tema?
    -    Nah, poca cosa…
    -    …
    -    ¿Sabes, cariño? Empiezo a creer que es en las colas donde se conoce realmente a las personas.


Desde SopadePepinoIII deseamos (deseo) mostrar todo nuestro
apoyo y respeto al amor entre diferentes sexos. Y especies.

12 comentarios:

Travis dijo...

NICE

El ex-gordo del videoclub dijo...

THNX

El ex-gordo del videoclub dijo...

Siento no haberos mostrado esto antes: http://www.youtube.com/watch?v=SVq2yMuAMVQ

Enjoy!

Travis dijo...

GOL DE BOJAN!!

Travis dijo...

Veste despedint de la 360... gears3, f1, nba 2k12, driver, rage...
no dono abastu!

El ex-gordo del videoclub dijo...

Doncs tú ves-te despedint d'una sanció lògica, necesària i exemplar a don José Mário...

Travis dijo...

ehhh? (seiso mode)

capitan pescanova dijo...

Vuelvo mañanaaaa los potes de salsa blanca seran mis Stormtroopers
http://www.youtube.com/watch?v=yHJOz_y9rZE&feature=player_embedded

El ex-gordo del videoclub dijo...

Acabo de leer en 20minutos que Voldemort ha disfrutado de una inesperada erección tras el vídeo del "Capi".

Travis dijo...

Ahhh jose llourinho.
Pitovilanabo

El ex-gordo del videoclub dijo...

http://www.anaitgames.com/noticias/parche-fifa-12-consolas-dentro-de-poco

No et dic més.

Travis dijo...

http://blogs.20minutos.es/entradagratuita/2011/10/14/mylo-xyloto-el-gran-patinazo-de-coldplay/
Yauu!