jueves, 20 de octubre de 2011

El arte de escoger

Aunque su reloj interno, ese que nos permite intuir de manera más o menos acertada la hora en la que nos encontramos, le dijese que no habían pasado más de diez minutos, lo cierto es que llevaba algo más de una hora en la biblioteca pública. Paseaba indeciso, rondando de arriba abajo la generosa sección de novela de ficción, albergada en una de las tres salas del segundo piso del edificio. La novela de ficción, que estaba formada por una treintena de estanterías de unos cuatro metros de largo por unos dos de alto, convivía armoniosamente en una inmensa y silenciosa estancia de colores fríos y sofás incómodos con las aburridas secciones de no ficción y empresa y economía.
Había empezado a acelerar el paso por la decimosexta estantería, en la que reposaban descansando unos sobre otros, libros de piel oscura y desgastada cuyos autores compartían el insignificante honor de lucir la letra m en la cabecera del primer apellido. Macleod; Marín; Martin; McCarthy

-          Cerramos las puertas en quince minutos – le dijo, con toda la amabilidad posible, una bibliotecaria de cara arrugada y expresión antipática.
El ansioso lector, tras comprobar que se encontraba solo en ese momento y comprender que las palabras iban dirigidas hacia él, se detuvo al lado de “Kafka en la orilla”, de Murakami, Haruki, parpadeó y clavó su mirada en la hortera montura de las gafas que pendían del cuello de la bibliotecaria de cara arrugada y expresión antipática. Y con la mirada perdida, inició una pequeña regresión.
Un recorrido mental que le llevó al punto de partida por el que ahora se encontraba en la biblioteca pública de su ciudad, a falta de un cuarto de hora de que fuese educadamente obligado a abandonar las instalaciones.

¿Qué esta jamelga iba para bibliotecaria? ...señor...

Todo había empezado dos meses atrás, el día en que una de sus sobrinas cumplía ocho años.
Tras haber terminado la jornada laboral y haber comprado un peluche que su hermana, y madre de la niña, le había recomendado, se dirigió rápidamente a la fiesta de cumpleaños a fin de poder inmortalizar con una instantánea el apagado de las velas del pastel.
La fiesta acabó como todas, con los anfitriones celebrando que los invitados volviesen a sus respectivos domicilios y con el homenajeado rendido por tantas emociones y atenciones recibidas.
Tras la celebración, el todavía no ansioso lector ayudó a su hermana y su cuñado a adecentar las habitaciones de la casa por las que habían correteado los niños horas antes. Ya se había despedido de ambos para volver a su hogar cuando sintió la necesidad de darle un beso de buenas noches a la cumpleañera, que hacía un buen rato que dormitaba en su alcoba.
Cruzó el distribuidor de la vivienda con sumo cuidado, prestando especial atención a minimizar los sonidos emitidos por sus pasos. Tomó el pomo de la habitación, en cuya puerta colgaba un cartel dibujado a mano que sólo permitía la entrada a príncipes y nobles de alto rango, y lo giró lentamente.
En el interior, la luz de una pequeña lámpara situada sobre una mesita al lado de la cama, coloreaba una cálida estancia empapada en amaranto, fucsia y blanco y en la que no faltaban docenas de peluches de todas las dimensiones posibles. La niña permanecía en la cama, despierta, charlando con una muñeca anoréxica articulable.

-          ¡Vaya, vaya! Deberías estar durmiendo, ¿sabes? – le reprendió divertido su tío.
-          …es que no puedo dormir… – contestó la sobrina con una vocecita.
Entornó la puerta y se sentó en la cama. Hundió su mano adulta entre los cabellos castaños de la niña y le dio un beso en la frente.
-          Cuando yo no puedo dormir intento recordar todo lo que he hecho durante el día. Y antes de poder llegar al final, acabo por dormirme sin darme cuenta. ¿Por qué no lo pruebas? Hoy tendrás mucho para recordar.
-          Sí, bueno…
Se levantó de nuevo, arropó a su sobrina y apagó la luz de la mesilla.
-          Que duermas bien y descanses mucho – dijo abriendo la puerta.
-          Tío…
-          ¿Si?
-           ¿Me lees un cuento? – preguntó su sobrina con los ojos abiertos de par en par.
-          Claro – contestó él temiendo que se les hiciese demasiado tarde a ambos.

"...de peluches de todas las dimensiones posibles..."

Hurgaba en un estante instalado, expresamente, a suficiente altura como para que sólo un adulto pudiese acceder. Paseaba el dedo índice por los lomos de una amplia colección de libros infantiles sin decidirse por uno.
-          ¿Te parece bien este? – le preguntó a la niña, que se contorsionaba placentera entre las ropas de cama.
-          Mmm, no. Mejor ese – exigía con mimo la pequeña.
-          De acuerdo – y extrajo un libro de una extensión considerable, demasiada para un niño según su criterio.

Cabe añadir, llegados a este punto, que el todavía no ansioso lector no disfrutaba con frecuencia de la afición de leer. Se decantaba por llenar sus horas de entretenimiento con la práctica de algún deporte o con el visionado de películas. Pero, ¿leer? No, leer, no. Consideraba que la lectura le requería demasiado tiempo o continuidad, algo que un partidillo con los amigos o una cinta de acción de noventa minutos no le exigían.
Salvo los periódicos y los informes, albaranes y presupuestos derivados de su trabajo, no leía prácticamente nada. O al menos, no leía por placer. En varias ocasiones, había cogido algún libro pero nunca pasaba de las treinta páginas pues, al día siguiente, no encontraba el momento de proseguir con la lectura. Y esto ocurría también al día siguiente de este y al siguiente y al otro, así hasta acabar olvidando el libro y la narración contenida por completo.

Mientras la niña aguardaba con total expectación, se aposentó nuevamente en un rincón de la cama y echó un vistazo a la cubierta del libro.
En la parte delantera, unos eslabones incandescentes formaban unas cadenas, que a su vez daban pie a un conjunto de palabras. “Las aventuras de Ian Baxter. El año del Fuego”. Debajo del título figuraba el nombre del autor, una tal Dianne Savêt, y abrigando por completo la cubierta, se extendía una bonita e inquietante ilustración en que se podía apreciar unas grandes montañas rocosas por las que el fuego parecía alzarse. A éstas, se dirigía montado a lomos de un ave, que no supe identificar debido a sus desproporcionadas dimensiones y a su pelaje verde malaquita, un joven que cargaba con ambas manos una extraña y reluciente espada. También ojeó la parte trasera de la cubierta, en la que descubrió que éste era el primer tomo de una colección extendida en otras cinco partes. Leyó el título con voz suave.
-          Las aventuras de Ian Baxter. El año del Fuego”.
-          ¡Ese, ese! – jaleaba ella.
Levantó los ojos por encima del libro y contempló a la pequeña extrañándose de la pasión que despertaba en ella un libro semejante, que tan poco indicado parecía para ese tipo de público.

El débil halo de luz desprendido de la lámpara jugaba haciendo divertidas sombras en la pared. La niña se recogía en la cama y abrazaba a tantos peluches como sus brazos podían abarcar. El todavía no ansioso lector abrió el libro y empezó a leer.

martes, 27 de septiembre de 2011

La cola (Vol.II)

Esta última cola estaba resultando más larga que las demás. 
Twisted tornado”, la montaña rusa más espectacular del parque temático, con suficientes loopings y revueltas como para perder el hambre si no se ha comido todavía o sentir nauseas y ganas de devolver el perrito caliente, ingerido media hora antes en una de las paradas de comida rápida de “Villa Jalisco”. Los visitantes del parque acudían a esta atracción en masa como moscas a un buffet de mierda.

    -    …
    -    O el sol te ha acabado por joder la cabeza o te has quedado sin palabras.
    -    Cincuenta por ciento. Te estas quedando conmigo, ¿no?
    -    Para nada.
    -    En serio, ¿estabas… con un tío?
    -    Sí.
    -    …pero tú, ¿desde cuando…?
    -    Pues supongo que tras abandonar la adolescencia inicial, aunque tampoco existe una fecha específica. Sí, más o menos cuando empezábamos a salir por ahí en busca de chicas.
    -    …
    -    Me daba cuenta que me excitaba tanto seducir a tías o como a tíos. Y poco a poco fui yendo algo más lejos de tontear solamente.
    -    Pero tú siempre has estado con tías y… ¡joder, llegaste a casarte y todo!
    -    Sí, ese fue el error. Al principio creía que era algo divertido, sin más. Iba de aquí para allá picando de todo plato al que me apeteciese echar mano.
Cuando conocí a mi todavía mujer, pensé que me dejaría de tonterías y me centraría. Pero supongo que uno no puede fingir lo que siente realmente.
    -    Entonces, ¿eres… gay?
    -    No, no creo. Digamos que en lugar de escoger, prefiero no descartar ningún sexo.
    -    Dicho así suena hasta bien.
    -    Ya. De cualquier manera, lo último que debía hacer, a pesar de lo mucho que quería, y quiero aún, a mi mujer, era comprometerme. Al menos sin tener claro con que sexo quería acostarme cada día.
    -    …joder… aún no acabo de hacerme a la idea de que tú… con otros tíos… ¡Uff, sólo con pensarlo…!
    -    Tómate tu tiempo. Y como intuyo que aún nos queda una media hora más de cola por delante, me voy a mear, tío. ¡Y no dejes que se te cuelen!

La cola acogía personas de toda índole. Niños demasiado jóvenes para semejante atracción (y a los que el corazón se les hacía pedazos en cuanto, finalizada la eterna espera, descubrían con horror que no alcanzaban la altura mínima exigible); señores demasiado mayores para semejante atracción; desinhibidos sin camiseta; desinhibidas en bikini; extranjeros con toda su familia a cuestas a los que todo les parecía bien; alumnos luciendo camiseta de viaje de fin de curso…
Detrás del lugar que ocupábamos en la cola, aguardaba, con loable estoicidad, un padre con dos niños, mellizos, de unos diez o doce años. Se habían estado peleando por un granizado de frambuesa desde que se habían colocado detrás de nosotros. El padre había logrado alcanzar tal estado de impasibilidad que, si la pareja de pequeños cabrones hubiese sido abducida entre todo el gentío, no habría parpadeado siquiera.
Delante, dos jóvenes parejas intentaban minimizar el tiempo de espera entre mimos y chistes tontos. La cosa estaba descompensada. Uno, escuálido, feo y de nariz ganchuda; el otro, gordo, con alopecia prematura y, aparentemente, algo tonto. Ellas, monas, mucho más agradables a la vista y al tacto que sus respectivas parejas. Estaba claro que a ellos les había tocado el premio gordo y a ellas la pedrea. Y seguro que los dos infelices ni se percataban. Demasiado pollo para tan poco arroz, como dice aquel.

Mi amigo abandonó la cola con destreza, sorteando todo tipo de obstáculos, hasta encontrarse con mi pareja. Intercambiaron unas palabras, bebió de la botella de agua que ella llevaba y se separaron de nuevo.
Ella, como ahora estaba haciendo mi amigo, había aprovechado el lento avance de la cola para refrescarse en una fuente, que emulaba ser un cubo agujereado por la acertada puntería de algún forajido, y para comprar agua fresca para los tres.
Se reunió conmigo, me besó en la mejilla y se sentó en una de las barandillas que daban forma al laberíntico recorrido que debíamos sufrir antes de poder montar en el “Twisted tornado”, al que había ido cogiendo algo de tirria progresivamente.

    -    Pensaba que estaría algo más afectado, ¿no?
    -    Sí, sí, está bastante bien. Creo que mejor que ella, incluso.
    -    ¿Habéis… hablado sobre el tema?
    -    Nah, poca cosa…
    -    …
    -    ¿Sabes, cariño? Empiezo a creer que es en las colas donde se conoce realmente a las personas.


Desde SopadePepinoIII deseamos (deseo) mostrar todo nuestro
apoyo y respeto al amor entre diferentes sexos. Y especies.

martes, 13 de septiembre de 2011

La cola (Vol.I)

Tras haber agotado todos los temas de conversación posibles a lo largo del día, y recurriendo al mayor tacto posible, le pregunté:
-          Y tú, ¿cómo lo estás llevando?

Él sonrió y me miró como agradecido por haberle preguntado sobre algo de lo que tenía más ganas de contar que de callar.
Respiró profundamente, se secó el sudor concentrado de la frente y contestó para mi sorpresa:
-          Bien, la verdad. Si he de serte sincero, mucho mejor que ella.




Nos conocíamos desde hacía muchos años. Habíamos compartido colegio, instituto e incluso trabajo. Manteníamos un tipo de amistad que invitaba a fantasear sobre como seguiría creciendo nuestra relación a lo largo de los años hasta llegar a conocer más al otro que a uno mismo.
Era mi mejor amigo y hacía poco más de un mes que se había separado de su mujer, con quien tenía un niño de tres años. Después de una turbia relación de seis años, salpicada de suficientes altibajos y recelos como para haberse replanteado las cosas en más de una ocasión, la situación se había vuelto insostenible y el vínculo entre ambos parecía haberse hecho añicos.
Mi trabajo me había tenido excesivamente atareado durante la primavera, tanto que este último trimestre apenas nos habíamos visto en un par de ocasiones e intercambiado cinco llamadas, la última de ellas para anunciarme su inminente separación. Fingí sorpresa.
Pasados unos días, mi pareja y yo acordamos llevarle a pasar el día afuera, a un parque de atracciones. La idea era recuperar la buena costumbre de pasar tiempo con él y, de paso, sacarle por ahí para animarle y lograr que se distrajese un poco. Di por hecho que estaría peor.

-          ¿Mejor que ella?
-          Si, bueno. Por norma, el, llamémosle dejado, suele pasarlo algo peor.
-          Ah, pero…
-          ¿Si?
-          Nada…
-         
-          …bueno, creía que la decisión había sido tomada por los dos.
-          No, nada de eso.

La cola no parecía avanzar.
Habíamos recorrido el parque unas tres veces durante la mañana en busca de las atracciones con menos tiempo de espera. Nos parecía la mejor forma para lograr montar en todas las atracciones posibles, a pesar de que eso conllevase cruzar unas siete veces el “Wild West”.
Hacía un día estupendo y lo estábamos pasando realmente bien.

-          Fui yo quien tomó la iniciativa, por llamarlo de alguna manera.
-          Vaya…
-          Sí. Ella, a pesar de todo lo que le he hecho pasar, aún me quería. Más de lo que he merecido.
-          ¿Todo lo que le has hecho pasar?
-          Sí, no he sido del todo honesto con ella… ni contigo.
-          No entiendo.
-          Ya sabes que siempre he sido algo travieso, ¿verdad?
-          Bueno, en ocasiones imaginé que, quizá, alguno de los dos, o incluso ambos, podríais tener alguna historia fuera de casa.
-          No, ella siempre se ha mantenido fiel. ¡Pobre! Lo cierto es que he sido un cabronazo, no la he tratado ni una décima parte de lo bien que se merece. Ni siquiera desde el principio.
-          ¿Quieres decir que…?
-          Sí, le he sido infiel casi desde el primer día. Y estoy seguro que ella lo ha sabido todo este tiempo. Bueno, y en caso de que no lo supiera, le di pruebas suficientes como para que no le quedase duda.
-          Oye, no quiero que me cuentes…
-          Ya. Tranquilo, te lo cuento porque quiero que lo sepas. Quiero que conozcas como soy en realidad.
-          De acuerdo entonces. Soy todo oídos.
-          Pues después de haber hecho de las mías durante tanto tiempo, hace unos seis meses… Me pilló in fraganti.
-          ¡…no me jodas…!
-          Sí, venían ella y el crío de casa de mis padres. Habían pasado la tarde allí y me había dicho que se quedarían a cenar con los abuelos.
Yo tenía trabajo hasta tarde, en principio, pero la pieza que nos mandaron desde la fábrica no era la que habíamos pedido. Se equivocaron. Así que acabé de trabajar antes de lo previsto ese día. Ya en casa, estaba a punto de ducharme para ir a casa de mis padres y aparecer por sorpresa, cuando… Bueno, me llamó alguien y…
-          Pero, tío, ¿cómo coño se te ocurre meter a alguien en casa?
-          Sí, lo sé. Fue una estupidez, no estaba planeado para nada. Simplemente, recibí esa llamada y no pude resistir.
-          ¿Y os pilló en plena faena?
-          En plena faena. Sí, el crío empezó a encontrarse mal después de la merienda y volvieron a casa.
-          Joder… Y, sólo por curiosidad, y si no te molesta la pregunta ni la respuesta, obviamente…
-          Dispara.
-          ¿Qué hizo la otra? ¿Cómo se quedó? ¿No pensó en esconderse en el armario o bajo la cama?
-          ¿Qué otra?
-          La que te estabas cepillando cuando llegó tu mujer. La otra, joder.
-          Querrás decir… el otro.
-         


...es que tengo tantas fotos de animalicos que...




miércoles, 17 de agosto de 2011

Relaciones laborales


El 4 aguanta, porque no le queda más remedio, al 2, a pesar de que, con los años, cada vez echa más mierda sobre él. Está empezando a pasarse su amistad por el forro. También les hace buena cara al 3, al 5, al 7 y al 9 aunque, por la espalda, los pone a parir a las primeras de cambio.

Y es que el 2 desquicia a cualquiera, incluido al 8, quien, si lograse un mayor estado de calma y tranquilidad, sería capaz de controlar el bombeo de su sangre.

El 5 es una auténtica arpía. Vendería a cualquiera de los otros por salvar su culo; más vale no fiarse.

A desconocimiento de todos, el 3 y el 7 mantienen una relación alejada del resto e intentan, además, llevarse bien con todos aunque realmente no se fían de la mayoría.

El 1, al igual que el 8, es considerado por todos como bastante inofensivo al hallarse, la mayor parte del tiempo, en su mundo de fantasía. No suele tener problemas con nadie y nadie los tiene con él, a pesar de que es motivo de mofa por parte del resto con frecuencia.

Algunos no acaban de tenerlas todas con el 6, quien, gracias a sus inesperadas reacciones, ha logrado ganarse la antipatía de la mayoría. Sorprendentemente, mantiene una buena relación, la única, con el 3, dentro de lo que podría considerarse como buena.

El 9 parece ir con la verdad por delante aunque, a su vez, no parece ser fiable del todo. Es la única que aguanta dignamente al 2 y suele ser aplaudida a menudo por ello.

Y el 10, a pesar de su esfuerzo por intentar el efecto contrario, no le cae bien a ninguno.
Sin excepción.
Pobre 10.

Relaciones laborales.

jueves, 4 de agosto de 2011

Refrito veraniego II: the cover musical top 5

Ha vuelto el verano, y con él, mis pocas ganas de escribir y vuestras muchas ganas de ser deleitados con una entrada refrescante, ligerita y… ¿alguien ha dicho musical?
Pues sí, a tomar por culo. Si empezabais a dejar de tararear “...llu nou uat japen uen llu telmi llu lofmi?” mientras el semáforo os permitía circular de nuevo o volvíais a conciliar el sueño por las noches tras haber logrado olvidar que Adriancito es "el niño más bonito y más chiquito", me complace presentaros un nuevo top 5 de vídeos musicales que son cosa fina. En este caso, y en un inédito alarde de originalidad e innovación, el top 5 está compuesto por algunas de mis versiones, o covers pa’ los más guays, preferidas de éxitos conocidos internacionalmente. Sin más preámbulos, turn on the fucking altavoices!!!

5. ¿Qué tendrán los ritmos indios que me embelesan sin mesura? El gran (por que sí) actor Chiranjeevi nos propone una espectacular versión del hit “Thriller” del abrazaniños Michael Jackson, llena de ritmos pegajosos, coreografías imposibles y zombies indios.
Como dato innecesario, el “Golimar” repetido durante el estribillo, significa algo así como “dispara la bala”. Venga, ya tenéis anécdota para la cena del viernes noche!



4. “Los Colorados”, encargados de aportar a este top 5 un toque de luz y color, son un grupo ucraniano con un gran talento para la polka. ¿Cuajará este particular estilo musical con un moderno éxito como “Hot n’ cold” de Kate Perry?
Es destacable el subidón del 02:46, capaz de relanzar el tema cuando el acordeón ya empieza a descomponer nuestro sistema nervioso.




3. En tercer lugar, una entrañable versión de “Bohemian Rapsody” de los también entrañables, y estadounidenses, Hayseed Dixie”. Aún no había utilizado el término entrañable y, viendo lo que queda, a éstos les sentaba mejor. Country y Queen. Queen y country.
Ojo con el pique de parpadear lo menos posible mantenido entre el Santa Claus y Joaquín (el de abajo; me he tomado la licencia de apodarlo de esta manera debido al razonable parecido que guarda con un vecino mío).



2. Entre la parodia y el homenaje, este otro grupo noruego conocido como “Hurra Torpedo” demuestran que la cocina también es un buen lugar para cocinar música (acudit!).
Especializados en esto de versionar temas, se dieron a conocer con su particular concepción de “Total eclipse of the heart” de Bonnie Tyler. Por mi parte, y por cuestiones de pomposidad, me quedo con este “Poker face” de Lady Gaga.




1. Y en primer lugar, alzándose con en el podio de mi particular top 5 de versiones, una pieza realmente escalofriante.
Escalofriante por el extraño señor de gafas (del que debemos sentarnos a debatir, por cierto). Por los niños. Por la pareja de la joven-viejuna y del caballero bizco. Por la siniestra estética pop de los 70…
Porque después de este vídeo caigo en que se teme aquello que se desconoce.
Sólo tengo un único dato acerca del videoclip: la lengua utilizada durante la canción es el ruso.




Bon Appétit!

sábado, 9 de julio de 2011

C

Tras noventa y nueve entradas (la gran mayoría de ellas, de una calidad intachable), supongo que me permitiréis el lujo de dejar que seáis vosotros quienes escribáis con vuestros comentarios este nuevo texto...


Gracias. Hace calor y se está muy de puta madre en remojo.




PD: No hay márgenes ni censura. Se admiten pasaditas, insultos, consejos y sugerencias.




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Kenzo dixit...

Bueno pues nada , aunque siempre estoy en la sombra, pero siempre lo leo aunque no me gusta expresarme, me gustaría ser el primero en felicitarte personalmente , ya que fui de los primeros en ver como nacía este blog , y me ha sorprendido gratamente el que hayas podido llegar a esta impresionante cantidad de entradas, así pues ojala continúes muchos años mas deleitándonos con estas impresionantes entradas.
Así pues FELICIDADES y un saludo a ti y a todos los seguidores de tu blog.

- 9 de julio de 2011 15:31 -


Travis dixit...

"Hola futuro vecino!
PD:Grande kenzo!"

- 9 de julio de 2011 19:47 -


Travis dixit…

“Cuantos numeros rondan mi cabeza..”

 - 13 de julio de 2011 20:24 -


Travis dixit…

“Declaro el dia de hoy dia de luto para el blog de sopadepepinoIII :
http://www.sport.es/es/noticias/liga-adelante/20110716/gerard-puede-colgar-las-botas/1081065.shtml

- 16 de julio de 2011 11:16 -


Travis dixit…

FELICIDADES TRAVIS!

- 17 de julio de 2011 11:40 -


Travis dixit…

"Que fuerte lo de Amy no?"

- 23 de julio de 2011 19:33 -


Travis dixit…

"jajaj el pichon de caceres!!"

- 25 de julio de 2011 14:17 -


Travis dixit…

"Uhhhh censura!"

- 02 de agosto de 2011 18:59 -

domingo, 26 de junio de 2011

21 días... sin internecs (Vol. II)

Día 10.
Empezaba a sentirme más sereno, quizá menos al día, pero sí más libre, cuando he sufrido una recaída tras una visita a Travis.
En primera instancia, me he mostrado sobrio y maduro, intentando que mis argumentos sobre las ventajas de vivir sin Internet sonasen creíbles, incluso para mi mismo. Pero tras mostrarme Travis un absurdo, pero increíblemente divertido, vídeo en Youtube, mi respiración se ha acelerado clara y precipitadamente.
Travis ha tenido la amabilidad de dejarme unos minutos a solas para que pudiera echar un breve vistazo a mis webs, incluyendo el correo y el blog. Mientras danzaba de una web a otra, he echado de menos el perder una noche entera descubriendo grupos musicales u ordenando y clasificando los fajos de leña en sus respectivos discos duros.


Día 13.
Está en todos los putos sitios, joder.
En televisión anuncian una oferta acojonante que incluye una velocidad de conexión de la ostia y, además, las llamadas de fijo a móvil son gratis. Buena oferta, creo.
Mi bienamada Xbox solicita la instalación de una actualización del software actual o me va a resultar complicado poder sacarle el máximo partido al aparato.
Durante el descanso de la retransmisión del último partido del F.C.Barcelona, el equipo de deportes de Rac1 lee uno tras uno los e-mails, tweets y mensajes de Facebook que los oyentes les envían, algunos más acertados que otros.
Esta tarde Vodafone ha intentado encalomarme mediante SMS un módem usb con el que, me aseguran, podré…
Está en todos los putos sitios, joder.


"¿Quieres que te haga un truco de magia? ¡Venga, escoge un diskette!"

Día 15.
Pues si tío, llevo ya quince días sin Internet y…”.
¡Ostias, que putada, ¿no?!”.
Beehh, no creas. Al final te acabas acostumbrando”.
¿En serio? Yo no sé si podría estar tantos días sin hablar con la gente y tal…”.
Bueno, siempre puedes llamarlos por teléfono o quedar con ellos para echar una birra y…”.
¡Qué dices, tío! ¡Yo con esos no quedo ni de coña!”.
…mmm, ya, claro…”.


Día 18.
Llego a casa del trabajo, ceno un poco escuchando el “Tú diràs” de Rac1 y me recojo en mi habitación. Estoy demasiado cansado como para ducharme y precisamente eso es lo que le escribo en un mensaje de texto a mi pareja. También le deseo buenas noches.
Tras haber soltado con furia un ñordo leyendo un capítulo más de “Las dos torres”, juego con la Xbox hasta que el sueño me atrapa. Ya en la cama, disfruto de un par de capítulos de la serie que actualmente me tiene enganchado. Y me duermo.

Empiezo a comprender que hubo, y puede haber, una vida sin Internet y, sorprendiéndome al no echarlo de menos, descubro lo afortunado que he sido por haber disfrutado del medio.


Día 21.
Cumplidos los veintiún días, el experimento finaliza.
Tras esta experiencia confirmo lo que ya sospechaba: a mi juicio y de forma muy concisa, Internet, como medio ocioso, es la polla, un rincón inmenso en el que todo aquel al que le apetezca puede exponer sus aficiones y compartirlas, siendo comprensible y asequible que descubramos alguna de ellas y la adoptemos para nosotros mismos, o, en otras palabras, contribuyamos a nuestro enriquecimiento cultural.
Por otro lado, y como medio comunicativo, Internet resulta una herramienta extremadamente peligrosa, en primer lugar por la cada vez menor credibilidad de la información que ofrece. En un medio en que lo fresco y lo actual es lo más solicitado, y premiado, por los propios usuarios, resulta inevitable la venta masiva de humo tan sólo por adjudicarse la recompensa de ser el primero en anunciarlo, independientemente de la fiabilidad de las fuentes.
Además, y en segundo lugar, los más puristas (entre los que me incluyo) defienden la teoría de la falsa sensación de acercamiento entre usuarios provocada por este medio. Roza lo absurdo que alguien pretenda socializar sin abandonar su habitación y, en consecuencia, perder sus amigos por un apagón.


"¡Tú, infeliz! ¿Todavía no tienes un producto Apple en tu casa?
¡Pues no sé a que cojones esperas!"

En resumidas cuentas, lo ideal no es vivir sin Internet sino cerca de familiares y/o amigos con conexión que puedan prestarnos suficiente leña en caso de una nevada inesperada, pues para seguir tomando injurias y falsos rumores como noticias veraces, todavía seguimos disponiendo de periódico, radio y televisión.








Por cierto, que conste que si vuelvo a tener conexión será únicamente para colgar esta entrada.