sábado, 5 de junio de 2010

Not so "lost"

Aunque no había logrado dormir más de dos horas seguidas, me desperté sobresaltado, sudoroso incluso, y palpé alarmado en busca del teléfono móvil para asegurarme que aún no eran las 05h. No, no eran las 05h., aún faltaban unos diez minutos.
No sentía el amodorramiento propio del despertar; parecía como si hubiera estado despierto toda la noche. Supongo que el acontecimiento televisivo del que iba a formar parte había despertado en mi interior un instintivo estado de alerta.
Puse en marcha el televisor y comprobé que aún no era la hora. Tras toda una semana de incertidumbre, finalmente, la esperada emisión del último capítulo de “Lost” no iba dar comienzo a las 05h., como se había asegurado días antes, si no a las 06h. Volví a recostarme algo molesto y aún más impaciente. Pero tampoco conseguí dormir de nuevo.
A pesar de las recientes noticias que habían llegado a mis oídos sobre el desagrado general que estaban provocando los minutos finales de la serie, mi cabeza tenía una preocupación mayor que si lo que me quedaba por ver iba a decepcionarme o no.

Yu mai siste, inglis maaaai...

Hoy se acaba todo”. El inundante silencio que danzaba por la estancia calmaba frágilmente mi inquietud.
En unos minutos conoceremos todo lo que queda por descubrir”. La oscuridad, quebrada por las numerosas lucecitas azules, rojas y verdes de encendido/apagado de los aparatos electrónicos del dormitorio, aliviaba mis exhaustos ojos.
Y, una vez visto el final, ¿qué?”. La leve brisa que se colaba por entre las rendijas de la persiana encima de mi cama refrescaba mi piel y erizaba el vello de mi nuca, manifestándose mediante suaves escalofríos.

Exacto. Ese era el peor interrogante de todos, al que más temía. Una vez concluida esta paradisíaca epopeya, tras encajar todas las piezas de este gran puzzle metafísico, ¿qué? ¿Habría vida más allá de “Lost”?
La sensación que en ese momento me embargaba era similar a la que siente uno cuando es abandonado por la chica de la que está enamorado: parece que sin ella no vaya a haber nada más (a pesar de que algún tiempo después, uno se siente algo idiota por haber tenido esa estúpida idea habitando en su cabeza).
Me alcé hasta quedar recostado sobre la cama, sacudí la caliente y sudada almohada y le di la vuelta para encontrarme con su cara más fresca.

Parecía mentira que tras seis temporadas (cuatro años de mi vida, 2006-2010), ciento veinte capítulos y más de noventa horas de metraje, todo se resumía en la próxima hora y media. Mientras me decía a mi mismo “oye, sólo es una serie de televisión”, disfrutaba repasando momentos álgidos de la serie y recordando las emociones que estos habían logrado aflorar en mí, desde la angustia hasta el desconcierto, desde la fascinación hasta el miedo, desde el desasosiego hasta el enfado.

Señor, que momentazo...

¿Y las interminables conversaciones con familiares, amigos y compañeros tras cada nuevo capítulo? ¿Y la cantidad de elucubraciones acerca de qué era la isla, dónde se encontraban realmente los personajes o cómo diablos iban a hacer los creadores de la serie para que tuviese un final capaz de ligar todos y cada uno de los enigmas?
Y es que esa había sido una de las mayores virtudes de esta lección de suspense que había supuesto “Lost”: su accesible conectividad con el espectador, tratándolo de forma inteligente e incitándolo, por ende, a cuestionarse el porqué de cada detalle de la exitosa teleserie, por minúsculo y aparentemente nimio que este fuese. Si esta potente irradiación de magnetismo con el espectador la enmarcamos en el gran medio de comunicación y difusión de estas dos últimas décadas, Internet, comprenderemos, no solo el bombazo que había supuesto “Lost”, sino también la consecuente y friolera cifra de 13 millones de espectadores que, como yo, volvían a repasar cada una de sus uñas buscando una en la que quedase algo por morder.

Las 05:50h. Como seguía despierto desconecté la alarma del inútil despertador y me dirigí hacia la cocina. Tras una breve parada en el aseo que dediqué a la evacuación de ardiente orín (…), me proveí de pipas y de un vaso de frío refresco de cola.
Ya en la habitación y mientras la televisión emitía los últimos spots publicitarios previos al capítulo comprobé por entre la persiana el nacimiento de un nuevo día, de modo que la recogí un par de dedos para que los primeros rayos de la mañana se colasen en la habitación.
Sorbí sin sed un pequeño trago del refresco y saboreé la burbujeante efervescencia del líquido. Eructé sonoramente y acomodé mi culo con fuerza contra los pies de la cama.
Empezaba “The end”, y como buen devoto que soy, me entregué totalmente al final de “Lost”.


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Acababa “The end”, y como buen devoto que soy, me había entregado totalmente al final de “Lost”.

Como primera impresión podría decirse que aún carecía de ella. Había permanecido totalmente absorto, disfrutando del capítulo, sin formarme ningún tipo de razonamiento mientras atendía a su visualización. Y una vez conocido el desenlace de la serie necesitaba digerirlo con calma.

Aunque mi desorientada cabeza intentaba poner algunas ideas en orden, si una cosa tenía clara era que ese final, tal y como había empezado a advertir un par de años atrás, no iba a ser del gusto de todos.
Aunque ese no fue mi caso (tampoco mentiré escribiendo que me apasionó de principio a fin), al menos en primera instancia, pues durante el día, en el cual no dejé de ver en cualquier punto en el que centraba mi vista los últimos cinco minutos de serie, fui comprendiendo que la esencia de la serie no residía en su desenlace, tan esperado, sino en el conjunto de la propuesta. Y sobre todo en el después, claro.

Toma, campeón. Por si te pierdes.


Se había impuesto un final y ese era el que había.
Un final que, en caso de agradar o crear descontento, de responder todas las dudas que los seguidores de la serie albergaran todavía o de dejarnos aún con más intriga que la que se podía esperar, iba a dar que hablar, tal y como siempre había conseguido la serie.
Un final. Quizá no el que merecía el espectador, pero sí el que merecía la serie.

Y lo mismo sucede con esta entrada, pues quizá no sea la que merecerías, querido lector, pero si la que merece “Lost”.

Sutil.




Epílogo. Unos días después.

Minutos después de la emisión mundial del final de “Lost”, el planeta pareció paralizarse. Todos los medios de comunicación informaban y opinaban sobre algo tan anodino como el desenlace de una serie. Los noticiarios hablaban de ello como si de una noticia de envergadura se tratase. En programas de variedades de radio y televisión se formaban pequeños debates entorno a la serie y su significado. Los foros de Internet ardían en llamas. Cualquier familiar, amigo o compañero con el que uno se cruzase era tanteado, mediante una leve mirada pícara, acerca del final de “Lost” antes de que el protocolario “Buenos días” tuviera lugar.

Hoy, unos días después, todo parece haber recobrado la calma. En los noticiarios se vuelve a hablar de la crisis que azota el país, de que cada día aprieta un poquito más el calor y de que la selección española de fútbol parte como favorita en este inminente mundial.
Por mi parte, reconozco que he vuelto a revisar “Lost” y, siendo sincero, este segundo visionado esta suponiendo un grato regalo para los sentidos.
Conocedor del desenlace argumental, despojo honestamente de cualquier responsabilidad al último y sufrido capítulo y, de esta forma, he descubierto una nueva manera de disfrutar esta gran serie y de volver a sentir las emociones que “Lost” había logrado aflorar en mí, desde la angustia hasta el desconcierto, desde la fascinación hasta el miedo, desde el desasosiego hasta el enfado.


Que vivamos en chozas y nos arrastremos por la jungla
no implica que seamos limpios y aseados.





Dedicado a El Exjefe y Korino Sainz, instigadores principales del origen de esta entrada.
Dedicado a Cpt. Pescanova y su glorioso SMS recibido tres minutos después de haber tenido lugar el final de “Lost”: “Hijos de puta. Menudo mierda que se han sacado de la manga. Que le den a J.J. y a la mierda de subtítulos de Cuatro. Yo declaro hoy día 25 (el desenlace fue emitido el 24/05/2010) día de los vendemotos. Vaya mierda de mierda”.
Y sobretodo, dedicado a todos aquellos que hayáis disfrutado de toda la serie o penséis hacerlo.