lunes, 22 de marzo de 2010

La sopa es de los débiles

Tengo incisivos, caninos, molares y premolares.
No me hagas perder el tiempo con una sopa, un caldo o una crema, ¿quieres?
¿Qué puede tener de divertido sorber un caldo donde no hay nada que morder?
¿Cuánto puede entretenerme una sopa donde los alimentos que naufragan por el plato se encuentran tan desfallecidos que ni merecen la pena ser troceados una última vez?

Puedes ahorrarte esos platos de agua corrompida a los que llamas caldos. ¿Agua? ¿Bromeas?
Si quiero agua es por que tengo sed; y si tengo sed, lleno un vaso de agua y lo trago de un tirón. Si lo que quiero es comer por que tengo hambre, entonces quiero comer. Claro y sencillo.
Y aleja aún más todos esos purés y cremas con los que parece que quieras facilitarme la tarea. No soy un crío. Ni un anciano. Y tampoco sufro ningún tipo de impedimento mental o físico.
Déjame entonces disfrutar de mis plenas facultades para ser yo quien decida que pedazo despedazar primero mientras el siguiente empieza a santiguarse al ser testigo de la ferocidad de mis fauces.

No os quejaréis: una entrada fácil de digerir y fotaza de tito Arnie
con un ojo más abierto que el otro. ¡Awesome!

Porque la sopa es de los débiles, o al menos así me siento cada vez que hundo la cuchara en el plato. Contemplo un pedazo de zanahoria que acabo de golpear con el cubierto y que se da la vuelta lentamente al colisionar con un pequeño trozo de patata que la mira extrañada.
Me fijo en las ondulaciones del caldo tras alzar la cuchara y descubro como estas forman dibujos que me recuerdan a embarazadas, judíos y gays. Es en ese momento cuando mi dentadura comienza a traquetear y rechinar llena de ira.

Morder. Eso es lo que me apetece hacer.
Una gota de saliva resbala por mis impacientes caninos, que alentan a los incisivos a prepararse para el primer impacto. Atrás, en la retaguardia, molares y premolares se encargarán de triturar todo aquel descuidado que haya caído presa de mi boca.
No importa cual sea el alimento. Verdura, carne, pescado, fruta…

Just like me.

Quiero hincarle la primera dentada a una manzana recién lavada, desgarrar las fibras musculares de un buen filete medio hecho y crujir todos y cada uno de los componentes de esta ensalada.
Solo así me resulta posible gozar del majestuoso poder destructivo de mis dientes sobre los insignificantes alimentos. Y solo así soy capaz de percibir la furia con la que la sangre recorre mis venas, llenándome de vida tras cada mordida.

Aunque, y hora que lo pienso, sólo hay una sopa que respeto. La de pepino, por supuesto.

martes, 9 de marzo de 2010

Bitches from hell

Todo fue muy rápido y aún más encontrándome algo ebrio.

-¿Habéis visto a esa tía tan buena? - pregunté contemplando sus sublimes caderas mientras se dirigía a los servicios y me lanzaba un beso que cruzaba volando por el local hasta tomar contacto con mi mejilla -Joder, yo diría que quiere algo conmigo... - añadí inocente.
-Si, absorberte el alma y dejar tu cuerpo inerte en la acera para que se lo folle algun mendigo - dijo El Exjefe justo cuando él y Korino desenfundaban dos pares de Desert Eagle e inconscientemente unían sus espaldas para tener una visión más amplia del local.

Totalmente desconcertado ante su reacción y sintiéndome objetivo de una inesperada broma, eché un vistazo junto a ellos a nuestro alrededor y me sorprendí al descubrir que, a excepción del barman, que seguía secando vasos con una atrayente apatía, estábamos completamente solos en aquel pub. Aún así, ni la horrible música había dejado de sonar ni los sincronizados juegos de iluminación habían cesado en su empeño de marearnos mediante continuos flashes.
Me volví a ellos, que seguían en una extraña posición defensiva blandiendo sus armas como si supieran lo que estaban haciendo, e intenté lograr una explicación.

-Que cojones estáis... -pero no pude terminar de preguntar. Alguien habia agarrado mi hombro por detrás, por lo que giré mi cabeza de inmediato para descubrir que se trataba de la chica con la que llevaba más de media hora tonteando. -¡Ah, ya estás aquí! ¡Vaya, que rápida has ido! ¿Acaso me echabas de menos?
-... - pero no contestó. En lugar de eso emitió un leve sonido gutural, totalmente indescifrable, acompañado de un par de sacudidas con la cabeza hacia su izquierda.
-¿Te encuentras bien? - le pregunté al descubrir que su piel estaba cogiendo un tono blanquecino y su frente no dejaba de sudar - Oye, ¿sabes donde se ha metido toda la gente?

Pero no parecía escucharme. La movimientos arrítmicos de su cabeza cada vez eran más violentos e impredecibles.
Me asusté. No he estado con suficientes mujeres en mi vida como para saber si eso forma parte del ritual de apareamiento. Busqué refugio detrás mío en El Exjefe y Korino pero estos se habían esfumado dejando sus copas en la barra a medio beber.
El barman, que había permanecido inmovil durante la noche en un extremo de la larga barra, alzó entonces su cabeza hasta que sus ojos entornados dieron conmigo y dejó caer la copa, y con ella, el trapo con el que la secaba, al suelo produciendo su correspondiente chasquido. Pisó los cristales con decisión y empezó a acercarse hacia mi.
Por su parte, la chica, cada vez más desmejorada, tambien parecía querer alcanzarme mediante entrecortados pasos que iba dando a duras penas.
Estaba totalmente desconcertado al no lograr entender que carajo estaba ocurriendo allí.

Tal que así.

Por un momento pensé que estaba participando de forma involuntaria en una obra de teatro interactiva o alguna mierda moderna por el estilo, pero la idea se esfumó en un segundo de mi cabeza cuando la musica cesó en seco y el local quedo intermitentemente alumbrado tan solo por los molestos flashes que me cegaban tanto como los faros de un vehículo a un gato callejero.
Entre el continuo y mareante flasheo volví a asegurarme de que el barman y la chica, cada uno por su lado, seguían en su empeño de querer alcanzarme hasta que, la atrevida y bonita chica que minutos atrás había estado flirteando conmigo, despegó ambos pies del suelo y se mantuvo, flotando grácilmente, suspendida en el aire, a unos quince centímetros de las sucias baldosas.
Por si la escabrosa visión que se aparecía ante mi no fuera suficiente, la chica, o lo que cojones fuese ese ser flotante, bramó un alarido contenido que parecía albergar una mezcla entre rencor y odio, y dijo claramente con una voz ronca más propia de un camionero de Texas.

-¡Dámela! ¡La quiero! - gritaba mientras se retorcía y me señalaba con uno de sus dedos índices.
-¿Qué? ¿Qué dices que quieres? - seguía sin enterarme de una mierda.
-Tu alma... ¡Voy a absorberte el ALMA! - y gritando esta nueva consigna, aceleró su vuelo hacia mi extendiendo los brazos y mostrando unas uñas menos femeninas que las que yo recordaba.
Sus brazos estaban a unos escasos palmos de mi cuello cuando El Exjefe se interpusó entre ambos en un abrir y cerrar de ojos y, encañonando a la otrora bella joven en su ojo izquierdo, exclamó:

-¡Absorbe esto, puta del averno! - y, tras jalar el gatillo de su arma, la cabeza de la joven quedo reducida a despojos que saltaron por todas partes, incluyendo mi cara.

No tube tiempo de limpiarme la mejilla, pues el barman había logrado agarrarme por la chaqueta a pesar de separarnos la barra del antro. Forcejeó conmigo, llegando a levantarme por encima de la barra, hasta que Korino, que se había encaramado al mostrador con un espectacular salto, destrozo el pecho del barman con un preciso disparo mientras lo sentenciaba:

-¡Quédate con el cambio, bastardo! - pude escuchar salir de la boca de Korino mientras otra salpicadura de sangre ajena impactaba en mi cara.
-¿Qué cojones esta pasando? - pregunté totalmente descontrolado. Una bofetada de El Exjefe me puso en mi lugar.
-Escucha "marica com cal", no te fíes de ninguna de las mujeres que veas en este local. Son todas unas putas, unas putas del averno - explicaba precipitadamente El Exjefe mientras Korino se aseguraba de que el barman y la chica no fuesen a levantarse premiándoles con un par de tiros más a cada uno en el pecho.
-¿Pero de qué coño me estás hablando? ¿Dónde me habéis traído? - volví a preguntar algo menos excitado para ahorrarme una nueva bofetada.
-Habíamos oído hablar alguna vez a nuestros padres de esto pero nunca creímos que fuese cierto - expuso Korino - Nunca creímos que existiesen las putas del averno.
-Vale, bien. ¿Pero qué carajo son estas cosas? ¿Putas del averno habéis dicho? Suena a película porno - dije incrédulo a pesar de tener la cara bañada en sangre y de haber presenciado algo que escapaba a mi razón.
-Ahora no es momento de tus chistes de mierda - contestó sin inmutarse El Exjefe y prosiguió - Las putas del averno son seres diabólicos que poseen a mujeres de buen ver para acercarse al hombre con mayor facilidad.
-Ya, para absorberles el alma, ¿no? - interrumpí.
-Si, - añadió Korino - pues ese es su sustento.
-Haber, cabronazos, ¿me estáis diciendo que estamos rodeados de fuerzas oscuras con curvas que intentan alimentarse de nosotros? ¿Y qué ha pasado con el resto de la gente que había aquí? Es más, en caso de que todo eso sea cierto, ¿qué cojones hacemos aquí aún?
-En cuanto a la clientela, digamos que somos los únicos hombres que aún no han caido bajo su influjo a pesar de que tú has estado bastante cerca; se nota que no follas mucho. Y ahora... deben estar dándose un festín en la trastienda con todos los tíos que había aquí pero en cuanto acaben con ellos... vendrán a por más - explicaba El Exjefe con preocupante frialdad mientras mi cara emitía una mueca de escepticismo debido a ese comentario fuera de lugar.
-...y en respuesta a por qué estamos aún aquí, puedo decirte que hemos comprobado todas las salidas del local y parecen estar atrancadas por fuera. Resulta imposible escapar de este local ni siquiera por las ventanas de los servicios. Y sí, se nota que últimamente no follas una mierda - añadía Korino poniendo la guinda con una sonrisa pícara.
-Joder. ¡¡¡Joder, joder, joder!!! - empecé a exclamar al comprobar la gravedad de la situación - Oye, hay algo que no me cuadra. ¿Porque el barman...
-El barman seguramente es un sierviente de estas perras. - cortó rápidamente Korino.
-Le deberían perdonar la vida a cambio de que colaborase con ellas. Seguramente mezclaba con los combinados algún tipo de droga o somnífero para que estas zorras pudieran lograr más fácilmente su presa - comentaba sin parpadear El Exjefe.

Efectivamente, sus copas seguían intactas. Ellos debían haberse dado cuenta al probar el combinado. O eso o vivían en guardia permanente, hecho que explicaría el llevar encima semejantes pistolones.

-...porque lo de las pistolas y eso... - dejé caer nuevamente como quien no quiere la cosa.
-Es porque vivimos en guardia permanente - contestaron al unísono.

"Pues eso", pensé yo.
-Vale, tios. ¿Y qué se supone que debemos hacer ante semejante percal? - pregunté por última vez al distinguir entre flashes como volvían a aparecer, cada vez más, algunas siluetas femeninas por el local.

Iba a darle un papel en la entrada a Baracker Oba-mach (su verdadero
nombre jedi) pero la cosa se tornaba demasiado ficticia.

El Exjefe me miró seriamente y, ante su rápido gesto de llevarse la mano al interior del abrigo, retrocedí un paso, pues pensaba que otra bofetada venía en camino. Pero me equivocaba. Sacó la mano, esta vez de forma lenta y pausada, del abrigo sosteniendo otra arma, una especie de pistola completamente negra con un pene blanco, perfectamente detallado, grabado en el mango.
El arma lucía además una pequeña inscripción en letras blancas que se enroscaban en el contorno del cañón. "Encuentra la paz que no tuviste en vida", leí velozmente.
Detrás mio, Korino echaba a correr hacia un grupo de cuatro o cinco putas del averno perdiéndose en la oscuridad y dando lugar a una nueva lluvia de balas que ayudaba a intuir su posición cada vez que el arma martilleaba con furia.
El Exjefe extendió su mano haciéndome entrega del arma y añadió antes de dirigirse a la escaleras que conducían a la planta superior del local:

-¡Defiende tu hombría!