lunes, 30 de noviembre de 2009

El difunto

Después de todo, quizá no era tan mal compañero.
Supongo que es como todo en esta vida: nunca aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes.

Después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que no diera ni golpe. Bien, se podría decir, siendo honesto, que trabajaba un "poquito". El problema es que ni ese "poquito" era capaz de hacerlo bien.
En lugar de echarme un cable, me daba aún más trabajo al tener que supervisar y corregir todas y cada una de sus cuantiosas cagadas. Tenía un don en ese aspecto. Cuanto más liado me encontraba yo, más caos provocaba mientras lucía una cara de no saber bien donde se encontraba en ese momento. En ningún momento, para ser exactos.
A excepción de ese "poquito", pasaba tanto tiempo sin hacer nada productivo que nunca entendí como no llegaba a aburrirse. Se pasaba horas mirando la pantalla del ordenador (o más bien, el salvapantallas) o las, hasta ahora, blancas paredes de nuestra zona de trabajo. Sin pestañear. Y si pestañeaba era para echar una larga cabezada (aunque él afirmaba no dormir más de un par de horas diarias).
Lo más divertido del caso sucedía cuando, al finalizar un turno en el que prácticamente no había dado golpe, comentaba lo cansado que se encontraba por la faena que habíamos tenido.

Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que no tenía ni idea de lo que hacía. Aún aventajándome por tres años de antigüedad.
Su inseguridad y su falta de memoria eran tales, que era capaz de preguntarte sobre algo que acababas de explicarle cinco minutos antes. Pero evolucionaba ante las caras de sus desperados compañeros y tomaba nota de todo aquello que desconocía (y conocía) en breves apuntes. Apuntes que perdía al acabar el turno.
Nunca antes había conocido a alguien con la "habilidad" (seguramente muy útil en según que casos) de desaprender.

"Welcome"

Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de su alarmante y descarada falta de compañerismo. Increiblemente hábil para pasarte un marrón, era capaz de negarte un cambio de turno incluso sin haber mencionado el día a cambiar en cuestión. Cumplía además a la perfección uno de los mandamientos del trabajador mediocre español: último en llegar, primero en irse.
No importaba cuan jodidos se hallasen o no sus compañeros. Él siempre tenía una cita (boda, comunión, entierro, comida de invitados, conferencia...) esperándolo.
Sólo se ofrecía a echar una mano cuando una tarea estaba a un 5% de ser finalizada. Al menos se ofrecía, supongo.

Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que sus contínuos intentos de distracción ajena. Aumentaba el volúmen de la radio cuando intentabas leer; te devolvía todas aquellas llamadas que no acertaba a resolver (un 70%); alzaba demasiado la voz cuando intentabas tratar con un cliente a través del teléfono y desenfundaba conversaciones (del más aburrido silencio) que no venían al caso ni llevaban un rumbo determinado mientras intentabas redactar un informe.
No recuerdo haber ignorado nunca tanto (en cuanto a cantidad y a calidad, es decir, en cuanto a duración y nivel de indiferencia) a una persona. Aún a día de hoy no logro comprender como alguien no es capaz de percatarse de semejante actitud de rachazo.

Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de padecer un claro y agudo caso patológico de "pseudología fantástica". Nueve de cada diez anécdotas con las que obsequiaba forzosamente al personal, eran pura invención que mutaban (casi siempre con tendencia creciente) en cada ocasión que las narraba. Y, para colmo, es necesario añadir su ausencia total de memoria. Uno podía encontrar diferencias entre una misma anécdota cuando él olvidaba que ya la conocías, es decir, unos cuatro días después.
Lo cierto es que veo alejarse uno de mis más recurridos temas de conversación: sus historietas.
Quedarán para la posteridad grandes éxitos de ayer y de hoy como "Maradona & me", "El crack de la gimnásia artística", "El crucero de lujo", "El pellizco de las tailandesas" o "Pepe, the great bohemian", pequeños relatos que nosotros, los profetas, nos encargaremos de transmitir a través de generaciones hasta el fin de los días.

...'cos your imagination will be always with you"

Es por todo esto por lo que nunca lograremos olvidarte.
En el sentido más estricto de la oración.

martes, 24 de noviembre de 2009

Miedo

Hace un par de domingos acompañé, en un acto desinteresado y que, por tanto, me honra, a mi madre, mi hermana y mi señora abuela a un mercadillo. Con todo lo que eso conlleva.
Partamos de la base de que siento cierto pánico a las aglomeraciones, las ventas ambulantes, los "regateadores", la gente que grita en la calle y, sobretodo, las personas de raza o étnia gitana. No es que mi intención sea la de dar pie a una entrada racista, pero no me negarán, amig@s lector@s (digo "amig@s" por que en este caso me interesa el apoyo del lector. Gracias.), que los mercadillos ambulantes estan monopolizados por simpáticos gitanos.

Mientras paseaba por allí, a modo de ejemplo gráfico y testimonial, pude comprobar que tres de cada cinco "stands" estaban ocupados por gitanos (vendiendo desde lencería "fina" hasta chaquetones de plumón) mientras que los otros dos eran ocupados por personas de origen sudamericano (a elegir por el lector@ de entre países desde Guatemala a Argentina o Chile, y que suelen ofrecer a precios relativamente baratos collares y pendientes artesanales, incienso hipnotizante que te adhiere a la parada hasta adquirir un par de paquetes, y tapices variados de colores armoniosos con las estampas de Bruce Lee, Michael Jackson o cabezas de lobos mirando a una luna llena) y personas de raza negra o negros (los cuales economizan gastos al disponer de una sencilla sábana como mostrador).
Mi primera pregunta es: ¿existe una mafia gitana que acaudilla dichos mercadillos?
¿Qué coste deberemos desembolsar al capo, o al patriarca en su defecto, si nuestra intención es montar una parada para vender, por ejemplo, figuras de porcelana de Lladró?
¿Rechazan a otras culturas como, por ejemplo, a la asiática?
¿Alguien a visto alguna vez a un natural de China ni aunque sea paseando por un mercadillo?
¿O quizá los mercadillos no son mas que un plan de la Administración para controlar el libre comercio-chanchullo que buena parte de la raza gitana suele practicar para perpetuar la tradición de su cultura?
¿En este caso, es consciente la Administración del alto nivel de contaminación acústica provocado por las desgarradoras voces de los vendedores gitanos, muchos de ellos cantaores frustrados?

Y yo que pensaba que todos los "tirados" (gitanos)
eran así de molones.

Durante mi paseo también confirmé lo que sospechaba media hora antes de dirigirme al mercadillo: no iba a encontrar nada que comprar para mí.
La razón de esto se debe, básicamente, a dos motivos tan sencillos como rápidos de detallar.
En primer lugar, por la aplastante cantidad de paradas dedicadas a la mujer, que sepultan a las pocas dedicadas al sexo opuesto. Curioso contraste el de un mercadillo feminista con una más que probable alta cifra de vendedores gitanos machistas.
Y, en segundo lugar, digamos que las pocas paradas dedicadas a la vestimenta masculina suelen ofrecer prendas de un estilo, algo así como, "rapero-killo". No encontraremos camiseta, polo, chaqueta, jersey o sudadera con alguna palabra grafiteada (en inglés, of course) a modo de "bonito" estampado.

Pero eso no es lo peor de todo para este ignorante ermitaño.
Lo que realmente me asusta es comprobar el género por aburrimiento (que emerge después de más de veinte minutos viendo lo mismo una y otra vez) y que una señora gitana, de unos 55 años para adelante y que luce un pañuelo rojo en la cabeza, insista en que me lleve dicha prenda aunque mi cuerpo no pueda encajar en ella ni rejuveneciéndome quince años.
Me da miedo que se acerque sin avisar; me da miedo que me grite aunque sea "¡Cariño!"; me da miedo la familiaridad con la que me tratan; me da miedo que insista hasta llegar a hacerme sentir mal; y me provoca un terror espantoso tener que decirle "No, gracias, solo estaba mirando."
Porque esos en esos segundos cuando, mientras procesa lentamente mi respuesta, empiezo a escuchar en mi cabeza los primeros acordes de una versión en directo de "Big Love" de los Fleetwood Mac* y mi frente empieza a empaparse en sudor y mis manos a temblar, al comprobar que sus ojos se han clavado en los míos, aunque solo sea por medio segundo.
El pánico ha invadido mi cuerpo y me entran ganas de comprarle toda el jodida muestrario mientras no me eche una maldición gitana, popularmente conocida como "mal de ojo".

Creando estilo: ante ustedes el irreverente emo-amish.

Una semana después de mi visita (anual) al mercadillo, empezaba a dejar de tener pesadillas con las mierdas estas de los "males de ojo" y a salir a la calle para algo más que trabajar.
Andaba por mi habitación, pensando en una entrada para el blog sobre algo que hablara de gitanos, mercadillos y "males de ojo", cuando oí la cerradura de la puerta de mi casa, señal inequívoca de que mis padres habían vuelto. Siendo domingo a mediodía solo podían venir de un sitio: del mercadillo.
Volvieron a reproducirse en mi cabeza los mismos primeros acordes de una versión en directo de "Big Love" de los Fleetwood Mac* y mi frente comenzó a empaparse en sudor y mis manos a temblar nuevamente.

- ¡¡¡Nene!!! - porque mi madre, cuando requiere tu atención o llega a casa utiliza, este bello grito de guerra cual mujer espartana.
- ¿Si? - pregunté acercandome por el pasillo con paso cauto.
- ¡Mira lo que te he traído! - decía alegremente mientras desplegaba un polo bastante majo rayado en negro y blanco.
"No está mal pensé", pensé.

Y sí, es cierto, no está mal. Incluso es algo chulo, se podría decir.
No obstante, solo me lo he probado una vez.
Primero por miedo a que esconda un "mal de ojo". ¿Alguien se ha asegurado de que no puedan trasnmitirse a través de una mezcla de lana y acrílico?
Y segundo, por un motivo que ya he nombrado antes: no podría encajar en él ni rejuveneciéndome quince años.


*Anda, para que luego digáis que no os lo pongo a huevo: http://www.youtube.com/watch?v=naAWX6OsHVI

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A beautiful mind (Una mente maravillosa)

Once minutos después de haberme sentado dispuesto a cumplir con una nueva jornada laboral nocturna y tras un silencio prolongado de la misma duración, me espeta relamiéndose el perfilado y blanquecino bigote, levemente mojado por un cortado con sacarina, que desde Pujol que nunca había visto a un líder como Artur Mas.
Milita en Ciu desde hace un porrón de años y no esconde su ilusión ante una, según él, más que posible victoria en las próximas autonómicas. Se crece y añade que ganarán con mayoría absoluta.

La política nunca me ha despertado un especial interés. Aunque esta noche me siento algo travieso. Y le doy cuerda.
Le pregunto si quiere comprar mi voto vendiéndome barato; me conformo con unos doscientos gramos de "Critical mass". Después de explicarle que es un tipo de marihuana, le pregunto sobre la política de Artur Mas en cuanto a la legalización de la santa hierba. Comenta que no cree que el actual líder de CiU esté mucho a favor de tal ideología aunque él acaba confesándome que no le parece del todo mal. Añade que, con medida y sin abuso, uno puede tener algún que otro vicio.
Yo mismo” arranca para mi personal deleite, “muchos domingos por la tarde, mientras dan por la tele eso que van anunciando los resultados de fútbol, me pongo en un vaso de tubo un chorrito de ron” e indica con el pulgar y el índice una cantidad minúscula debido a sus problemas de salud con el azúcar, “pero no un ron cualquiera, eh? Un ron especial, posiblemente el mejor del mundo, de unos veinte o veinticinco años que compré en Costa Rica. Le pongo un par de cubitos de hielo y lo acabo de llenar con Coca-cola Zero-zero (o 0.0, no estoy seguro). Y entonces, con el cubatita hecho me pongo a leer varios periódicos de todo el mundo, como “El Clarín”, para comparar y sacar conclusiones”.
Ladeo la cabeza agarrándome con fuerza la bolsa escrotal para ahogar una profunda risa que intenta emerger de mi garganta.
O por ejemplo, los domingos, cuando hago la paella semanal me gusta disfrutar con mi señora un buen vino, un… un Enrique VIII. ¡Cuidado, en una copa alta y ancha para saborearlo como se merece!

Enrique VIII y su legendaria imitación de Elvis.

Hace una pequeña pausa, pasa un par de páginas del periódico del día y su mirada se pierde entre la sección de sucesos recordando el sabor de ese buen vino.
Considero que aún no me ha entretenido lo suficiente, así que le pincho un poco, solo un poco, y le digo que hay vicios que aunque se abuse, son incluso beneficiosos, como la practica del sexo, pero lo confunde con ninfomanía y vuelve por sus fueros.
Hombre, yo no soy intolerante con los homosexuales o los homosexuales… o los bizerre (?) …pero hay cosas que no… Hay gente enferma que está todo el día ahí, dándole como animales. Yo tenía un compañero hace años en una fábrica de carne que fichaba varias veces al día para irse al lavabo a cascársela. Lo menos lo hacia unas seis o siete veces.

Compruebo que, al igual que una tragaperras, se ha ido calentando. Llega el momento del “Jackpot”.
Conocedor de su debilidad, desvío un poco el tema y le pregunto sobre su cargo como Teniente de Alcalde de un pueblo de no más de trescientos habitantes y las obligaciones que esto conlleva. Se hincha como un balón de playa. Solo le falta botar.
Pues fíjate, estoy habilitado a elegir los días de fiesta mayor. Y también puedo escoger uno de esos días y ponerlo como festivo cuando me apetezca, como si quiero ponerlo el día veintisiete de agosto”.
Me encanta”, pienso embobado para mis adentros sin concederme demasiado tiempo pues no da tregua alguna y sigue cargando, sacando a relucir parte de la artillería pesada de que dispone.
Y otra de las ventajas que tengo (?) es la de poder nombrar al hijo predilecto del pueblo”.
Cuando me sorprendo al descubrir que no es él sino otro el que ostenta semejante título honorífico, añade que, evidentemente, se lo hubiesen otorgado a él de no haberlo concedido al otro. No especifica los motivos que determinan tal elección.

Hombre, es que tienes que tener en cuenta que yo soy un miembro histórico del partido. Mira, no te digo más, en las últimas municipales” prosigue mientras el miedo empieza a crecer en mi, “me pincharon el teléfono y nos pusieron a un hombre para seguirnos y vigilarnos por unas amenazas a mi compañero de partido”.
Se calla nuevamente y vuelve a prestar atención al diario que casi tenía olvidado. Sospecho que se ha percatado de que ha ido demasiado lejos. El silencio recupera lentamente su lugar.
Lo he perdido,” me lamento, “no he sabido jugar bien mis cartas”.

Pregunta: ¿Se considera el pene de Adolf Emo Hitler como miembro histórico?

Noventa y siete minutos después de haberme sentado dispuesto a cumplir con una nueva jornada laboral nocturna y tras haber mantenido una distendida charla con mi compañero, dirijo mi vista hacia la pantalla del ordenador. Apesadumbrado, tecleo con desgana un puñado de palabras y algún que otro número. La magia hace rato que se ha evaporado.
Entre la sepulcral quietud percibo las páginas del periódico del que, supongo, debe estar sacando conclusiones.
Para mi sorpresa, su voz vuelve a quebrar la calma.
“¡Ostia, que buena está la Beyonce esta! ¡Me la follaría aquí mismo!” y añade relamiéndose el perfilado y blanquecino bigote nuevamente “¡Esta en la cama tiene que ser la traca!

Y una pícara sonrisa vuelve a dibujarse en mis labios.

lunes, 2 de noviembre de 2009

There's something about Paloma

"La ruleta de la suerte", presentado actualmente por el ex-Míster España (...) y ex-baloncestista Jorge Fernández y que se emite diariamente en Antena3, es un concurso-show en el que tres concursantes intentan descifrar un mensaje criptográfico mediante ordenados turnos y siempre bajo el yugo de la ya mencionada ruleta, que determinará cuanta pasta recibiremos por letra descubierta. Tras varios mensajes descifrados, o, tal y como se conoce en el submundo televisivo, "paneles", aquel participante que haya acumulado mayor fortuna tendrá la posibilidad de enfrentarse a un último "panel" que esconderá una cantidad considerable de panoja o, algunos juran haber sido testigos, un coche (bastante mierder, por cierto).
Evidentemente, este último mensaje a acertar será realmente jodido, en ocasiones algo abstracto incluso.

El programa, que antaño presentarían genios incomprendidos del humor como Bigote Arrocet, Fernando Esteso (...) o Goyo González, juega con la complicidad del público (que anima tanto o más que la afición del Besiktas turco en una tarde de derby) y la participación ilimitada de los concursantes. Esto es, dicho de otra manera, que los tres concursantes podrán no solo limitarse a ganar algún dinerillo para reformar la cocina sino también dejar huella en el programa (o en la televisión contemporánea incluso) mostrando su -calificativo a escoger por el lector- nivel cultural e intelectual o haciéndose notar de forma deliberada.
No obstante, el presentador Jorge Fernández, director jovial de la función, podrá, con total impunidad, interactuar con estos, dejándolos en el más completo ridículo o deleitándoles con algún que otro chascarrillo picantón nivel "anciano-de-bar-carajillo-en-mano".

"Pues mire... Me parece que voy a deresolveir"

En lo concerniente al juego en si, cabe decir que no nos haremos precisamente ricos mediante los premios de entre los que se aspira si nuestra intención es esa, puesto que "La ruleta de la suerte" es un concurso amigo, en el que pasar un rato distendido y echarse unas risas (o así nos lo quieren vender). Baste decir que perderemos nuestros €uros acumulados en varias ocasiones (es acojonante la de veces que los concursantes caen en la casilla de "Quiebra" hasta tal punto que sospecho que algún tipo de mecanismo imantado provoca tal situación) o que los paneles finales se convierten en una autentica hazaña, más aún si una de las letras que nos proporcionan como ayuda extra es una "X". A modo de ejemplo, en una ocasión el ingenuo concursante se disponía a descifrar tres oficios. Entre ellos se hallaba "Mafioso". Obvia decir que no se llevó el premio final.

Toda esta explicación, a buen seguro conocida de sobras, me lleva a otro elemento (desconozco hasta que punto imprescindible) del espacio televisivo que nos ocupa. Me refiero a la bella "azafata" (o así se denominaban a las tías que pululaban por el escenario de "Un, dos, tres... responda otra vez" o "Noche de fiesta").
Años atrás, los "paneles" eran unas paredes de polimetilmetacrilato (y punto!) equitativamente fraccionadas en rectángulos, algunos iluminados (los que contienen letras a descifrar), algunos no. Cuando se dejaba al descubierto una letra, era preciso voltear el rectángulo pertinente para que dicha letra fuese visible. Y esa era la tarea de una de las dos azafatas. Porque sí, habían dos. Y entre ellas se turnaban exhibiendo sus estilizadas curvas ante el "panel". Tenían un cometido claro que cumplían con diligente solvencia.

¡Qué envidia! Tan guapos, tan jóvenes...

Actualmente, los "paneles" son algo parecido a una pantalla TFT o LCD (nunca acabo de aclararme con las nuevas tecnologías), también fraccionada en rectángulos que se iluminan o apagan en función de su ubicación respecto a la palabra a descifrar. Cuando una letra es descubierta, ya no es preciso voltear la casilla en cuestión puesto que la avanzada electrónica actual permite que la letra pueda mostrarse a distancia.

Dicho esto, para que cojones está en el plató cada día Paloma López?

Anexos:




(y sobretodo)