lunes, 19 de octubre de 2009

El Capitán no tiene quién le escriba

Querido Cpt. Pescanova:

¿Cómo estas?
¿Qué tal tu periplo por la gran ciudad? ¿Es cierto que un transporte gigantesco y metálico cruza la ciudad bajo el suelo? ¿Y es cierto también que hay vehículos conducidos por mujeres?
¿Te han ascendido ya a encargado de McRoyal Deluxe? ¿Has conocido a Jarno Saarinen? ¿Y a Laporta?

Últimamente he estado algo enfermor, creo que un catarro o un resfriado (no puedo mencionar la palabra "gripe", en el caso de que fuese lo que he tenido, ya que cunde el pánico allí por donde suena). Incluso llegué a tener algunas décimas.
Por este motivo falté un par de días al trabajo, no he escrito mucho en el blorg y, sobretodo, no he tenido mucho tiempo para confraternizar con los comentaristas habituales del mismo.
Ninguno de ellos ha venido a visitarme, supongo que por miedo a contagiarse. Creo que me han visualizado como un infectado al estilo Danny Boyle, pero andan algo equivocados ya que las cadenas que me sujetaban al cabezal de la cama no me ha permitido abrir en canal a mis padres y a mi abuela.

¿Pero qué dice el payo este? - preguntaba Jarno despues de
leer el siguiente párrafo.

Estos días en cama (en los que me he hartado a ver películas de lo más dispares, desde "50 primeras citas" a "La lista de Schindler" pasando por "Cinturón rojo"), por cierto, he descubierto en mi abuela una faceta de su personalidad que desconocía por completo. Me he dado cuenta de lo temeraria y lo sanguinaria que puede llegar a ser. En muchas ocasiones, mientras me encontraba durmiendo, fruto de la medicación y la fiebre, se acercaba con su andador hasta mi almohada y arrimaba su rostro hasta tenerlo a un escaso centímetro de mi cara. Entonces emitía un sonoro e indescriptible grito de guerra con el que me despertaba inmediatamente. Yo, evidentemente, intentaba morderla con todas mis fuerzas y arrancarle una de sus mejillas, pero los grilletes eran lo suficientemente consistentes como para permitirle descojonarse ante mi locura y delirio sin retroceder un paso. Parece ser que mi cara llena de pústulas y la sangre que brotaba de mis encías no le producían ningún tipo de miedo.
Por lo demás, todo normal.

Hace un par de semanas, mientras me dirigía a la biblioteca pública como cada viernes, me crucé con Gegant, el crack regordete del Pak. Me reconoció a la legua y se acercó a saludarme. O eso creía yo, ya que, a medida que se acercaba, pude atestar como unos regueros de lágrimas se deslizaban por cara. Bueno, era más bien una mezcla de sudor (el ingrediente secreto de los Dürüm) y alguna que otra lágrima. Que esa es otra, no creo haber visto nunca a los integrantes de la plantilla del kebab sin sudar.
Pues como te decía, Cpt., se me acercó lloroso-sudoroso preguntándome cuando pensábamos volver. Lo cierto es que desde que te marchaste tan solo he vuelto una vez ya que temo que el pollo no sepa a pollo, ni el cordero a cordero, ni el queso a queso y así hasta completar todos los ingredientes que componen un Dürüm. Insistió en el problema de nuestra alargada ausencia al comentarme que no puede pagar los plazos de una Playstation II que adquirió hace seis meses. Le prometí volver en breve aunque no se si seré capaz.

En ocasiones me siento tal que así ante tu ausensia.

Poco más.
La buena vida se ha acabado, me temo. En breve volveré a correr y a perder kilos y dejaré de emborracharme entre semana como solíamos hacer. Cogeré el temario de prisiones (...) y le daré una buena tunda y esconderé los Rainbow Six (que tu compañero no joda toda la misión cuando está a punto de finalizar ya no tiene tanta gracia).
Incluso Travis a devuelto su nuevo y flamante Fifa 10 (que raro queda eso de "10"), pues un partido sin tus entradas asesinas a destiempo sin amonestación correspondiente no es lo mismo, y lo ha cambiado por el libro "Harry Potter y el misterio del príncipe" (que debería ser "...y el príncipe mestizo", no?). Travis leyendo...

Espero que estés bien y que podamos verte en breve.

Un abrazo.