martes, 31 de marzo de 2009

On holidays

No me gustan las vacaciones, esas dos (cuatro para los más afortunados) semanas en las que las personas volvemos a darnos cuenta otra vez de lo ilógico de la vida humana: casi toda nuestra existencia está sometida bajo el frío y áspero yugo del trabajo. Si no generamos un beneficio económico, no podemos llevar a cabo prácticamente ninguna empresa por nimia que esta sea. 

Haciendo un cálculo aproximado y bastante generalizado, una persona que inicie su etapa laboral a jornada completa (entiéndase jornada completa por unas 40 horas semanales) a los 18 años y alcanze la jubilación a los 65, estará sometido bajo ese lastre laboral por unos 47 años, a lo que, siendo generosos dejaremos en 40.
40 años. Si a esto le restamos unos 80 años de esperanza de vida media, nos quedan otros 40 años. Si de estos 40 años restantes, le quitamos unos 10 años pertenecientes a nuestra niñez (ya que no nos encontramos en el momento de mayor rendimiento del cuerpo humano y dependemos sobretodo del cuidado ajeno) y otros 10 años más pertenecientes a los referentes entre los 70 y 80 años (puesto que encontramos en el declive de nuestras capacidades y cada vez más volveremos a depender de dicho cuidado ajeno) esto nos deja en 20 años repartidos entre la adolescencia/ la juventud y la madurez / la vejez.


De manera gráfica podría decirse que nuestra vida vendría
a ser el pobre e inocente ratón y el trabajo, la puta y perra serpiente.

Así pues, encontramos que regalamos nuestros mejores años (como decía, aquellos en los que experimentamos el mayor rendimiento de nuestras capacidades psicológicas y físicas) a una empresa, a un trabajo. Por supuesto, este elemento constituirá un pilar demasiado significativo sobre el que girarán entorno a él, y afectará también, a muchas de nuestras decisiones y situaciones. Es decir, le dedicaremos parte del tiempo que podríamos emplear en nuestras familias, perderemos buena parte de salud o disminuirán nuestras posibilidades de satisfacer experiencias que nos llenen y nos hagan persona (como por ejemplo viajar, leer o ejercitar nuestro músculos).

Es posible que se me vaya la puta cabeza pero cuando me da por pensar esto, considero que debería aprovechar al máximo esas semanas de vacaciones que la empresa nos concede anualmente a regañadientes (a pesar de ser un derecho laboral) y dedicarme a todo aquello que durante muchos días del año el trabajo, el maldito trabajo, coacciona las posibilidades de llevarlo a cabo.

Es por esto que, cuando se acaban las dos semanas de que dispongo (ya saben, 15 días o 900 horas o 54.000 minutos o 3.240.000 segundos) y compruebo que he conseguido tachar un 3% de lo previsto en esa lista pre-vacacional, se me caen los huevos al suelo y empiezo a lamentar el tiempo desperdiciado tirado medio ebrio en el sofá entreviendo películas del Dr. Boll (para los no cinéfilos: http://es.wikipedia.org/wiki/Uwe_Boll).


En las próximas vacaciones podré dedicarme a algo que siempre 
he deseado con locura: atropellar a viandantes y salir indemne.

Pero no pasa nada, todo en esta vida (bueno, “almost all”) puede arreglarse, asi que para las próximas dos semanas que pueda disfrutar de vacaciones seguro que satisfaceré mis particulares ansias personales dedicandome a esas cosas que siempre he querido hacer. Seguro…

viernes, 13 de marzo de 2009

Papar, papar!!!

Estos últimos meses he sido testigo de cómo algunos amigos y compañeros van a ver aumentadas sus familias con el nacimiento de un nuevo miembro. Es por ello, por proximidad, que le he estado dando algunas vueltas al perenne asunto de ser padre.

En cierta ocasión escuché una frase de un padre a su hijo en un filme (evidentemente, mencionar que la leí en un libro no hubiese sonado creíble) que decía algo así como: “
…claro que eres importante para mi: tú eres la prueba de que he existido”. “Joder”, pensé, “que cierto es eso”. Quizá este hombre no supo o no fue capaz de dejar su huella en este mundo que mediante un hijo, sistema para nada desdeñable y sencillo. Quzá si es el método más fácil a priori. Pero no el más asequible a la larga.

Un hijo, un niño. Nada más. Bueno, eso y todo lo que conlleva. Y no hablo de dinero, tiempo o la pérdida de libertad, de sentir que nada depende de ti. Hablo de responsabilidad.
De la responsabilidad de crear de la nada (o del polvo, según se mire) una persona. Para mi no sirve engendrar un ser vivo y punto. Eso lo puede hacer cualquiera. Tener un niño que con el paso del tiempo se convierta en un delincuente, un toxicómano o un hijodeputa, simple y llanamente, no me vale.
Hablo de hacer una persona con todas sus letras. Una persona pensante por sí misma, capaz de tomar sus propias decisiones, que sepa diferenciar entre lo que esta bien y lo que esta mal, lo correcto y lo incorrecto, dejando de lado el pensamiento conjunto, también conocido popularmente como “
borreguismo”. Si además de persona, fuese buena, es decir, buena persona, eso sería altamente satisfactorio, o en un lenguaje adaptado para el sector más joven del blog, sería la puta polla.


Intentad poneros en la piel del padre de esta señorita
por unos minutos.


En muchas ocasiones, cuando oigo que tal o cual va a ser padre pienso si éste ya ha meditado sobre esto último.
Muchos se preocupan, como decía antes, sobre cómo llegarán a fin de mes. Yo me preocuparía de cómo hacer comprender a mi hijo que esto no puedo comprárselo en este momento porque existen cosas más necesarias y con más prioridad y así darle a conocer la importante tarea de saber administrarse.
Algunos se intranquilizan pensando en la de libertades de que van a tener que privarse: salir hasta las tantas y/o ponerte hasta el punto en que tengan que llevarte de urgencias empieza a ver su fin. A mi me inquietaría cómo hacerle entender que fumarse un canuto no es tan malo como lo pintan pero cabalgar a lomos del caballo si puede ser realmente peligroso. Y aún me sorprende más que haya gente que no sea capaz de cuidarse a si misma y que en nueve meses vayan a tener que hacer lo propio por otra personita. O que haya padres que merodeen con compañías de dudosa reputación y posteriormente pretendan que su hijo no se junte con éste o aquel.

Querida: el parkinear se va a acabar.

Quizá esté mezclando cosas que no deban o toquen.
Sucede a menudo, cuando se habla de lo que se desconoce.
Es tan solo una reflexión embrollada, un conjunto de ideas con un denominador común: responsabilidad.

Cuando un hombre/mujer llega las 09:00 a su oficina y da las buenas nuevas a sus compañeros, es consciente de lo que realmente acontecerá en nueve meses mientras recibe las pertinentes felicitaciones?
Va a adquirir el estatus social y familiar de progenitor, tutor, responsable de alguien que, yendo algo más allá, quizá mejore este mundo o, todo lo contrario, lo empeore dando por culo a gran escala.
Supongo que a nadie le gustaría tener una niña que acabe siendo un zorrón inconsciente propagador de enfermedades venéreas o un niño que un buen día le dé por ir apaleando e incendiando mendigos mientras sus amigos graban sus hazañas con su teléfono móvil.
¿Cómo evitar eso? ¿Cómo hacer comprender cuál es el camino correcto? Puede mostrarse pero hacerlo entender es otra cosa.

Seguramente desvarío aunque creo indudablemente que tener un hijo no es algo que deba tomarse a la ligera.
Mientras tanto, seguiré formandome como persona para poder, si algún día se da el caso, dejar mi lugar a otra digna de ser llamada precisamente eso: persona.