sábado, 21 de febrero de 2009

Sopa de Pepino III producciones en colaboración con elExgordodelvideoclub presentan:

- Ritos funerarios regionales Vol. II. La tradición hindú: “Muerte por kebab”.


La mitología india, o hinduismo, es tan antigua como extensa.
Algunos historiadores como Joseph Nokia (1912-1987) o su predecesor Vent Klarian (1966) la ubican, no muy desencaminadamente, allá por el 320 a.C., cuando toda la región que actualmente conocemos como extremo oriente (Pakistán, Turkmenistán, India en especial y otros tantos países más) formaban una sola cultura conocida como los “pakis”, diminutivo peyorativo de “pakistaníes”.

Es durante esos primeros años de civilización cuando el hinduismo empieza a tomar forma, al unirse varios credos de las tribus debido a la diversidad cultural, y con ello, nace el culto a dioses como “Shiva”, “Vishnu” o “Vitor Borba Ferreira”, conocido comúnmente como “Rivaldo” el legendario dios extranjero.
Como decíamos, entre los dogmas de la nueva religión que brotaba, nos centraremos en el místico ritual de defunción hindú, “la muerte por kebab”, aún llevado a la práctica en la actualidad por los fervientes más devotos de la preservación y amparo de las tradiciones.

Aunque aún no hayamos obtenidos suficientes hallazgos que confirmen las teorías actuales del origen de tal ritual, podemos afirmar con rotundidad que estos se encuentran en la figura del dios “Dürüm”, deidad del kebab, plato tradicional indio, y de los ingredientes del mismo (lechuga, tomate, aceitunas, queso de cabra, pollo, cordero y sus sabrosas salsas).
Según la mitología india, “la muerte por kebab” era el medio de transporte a través del cual el fallecido alcanzaría la gloria momentánea al ser reencarnado en un pan de pita y obedecería así con los designios de “Dürüm” al ser engullido como pieza fundamental del kebab por un comensal. Una vez conseguido esto, el fallecido consigue el paraíso eterno por haber cumplido con su destino y su responsabilidad religiosa como buen hindú, según los cánones fijados por el hinduismo.

"Rivaldo", el legendario dios extranjero, indicándonos que
es capaz de matarnos en tan solo cinco segundos.


En cuanto al ritual en si, cabe decir que cobra inicio una vez se confirma la muerte del fallecido en cuestión.
Acto seguido toma participación en el evento el “gran maestro Döner”. Esta figura es la voz en la tierra de “Dürüm”, es decir, su principal y más importante sacerdote. Se dice que “el gran maestro Döner” es el único capaz de crear el místico  “Döner Kebab”, disciplina impartida por el mismísimo “Dürüm” en el momento en que el sacerdote se hace con el cargo y después de que haya tomado juramento, pero justo antes del rito de iniciación. 
Así pues, comprobamos que la figura del “gran maestro Döner” es inmortal, transmitiéndose de forma vitalicia durante el paso del tiempo y que hereda de su antecesor y del propio dios “Dürüm” la sabiduría del kebab hindú.

Como decíamos, una vez nos cercioramos del estado de defunción del fallecido, varios monjes asistentes del “gran maestro Döner”, desvisten al difunto y, después de higienizar sus ropajes, estos son vendidos para costear el acto funerario. Mientras tanto, “el gran maestro Döner” activa un gran asador funerario y aclara entre cinco y seis lechugas y unos veinte tomates maduros. Una vez la temperatura del asador es la adecuada, los monjes ensartan al difunto con una barra de acero inoxidable, siendo atravesado des de la boca hasta el recto, y lo sitúan junto al gran asador con la intención de dorarlo.
Por otro lado, “el gran maestro Döner” se encarga de seccionar lechugas, tomates y un buen puñado de aceitunas hasta que tienen el tamaño preciso. Posteriormente, todos los ingredientes son extendidos en forma de base sobre una capa de pasta de pan, que será lo que consideraremos féretro del difunto en comparación con nuestro entierro occidental.
El difunto debe alcanzar el punto de cocción preciso sin quedar poco hecho o demasiado churruscado. Para ello será imprescindible la intervención de los monjes que lo irán embadurnando periódicamente con una mixtura de aceites de girasol canadiense, hierbas aromatizadas y cuatro cucharadas de miel virgen.

Para cuando el cadáver se encuentre en su punto, el “gran maestro Döner” deberá tener lista las sabrosas y misteriosas salsas (de las cuales solo él es conocedor de la receta y los condimentos necesarios) y una abundante cantidad de queso de cabra albina de los montes de Kanpur.
Así pues, una vez dispuestos todos los ingredientes se dará paso a la ancestral técnica del “enrollado eterno”, destreza que solo podrá desarrollar, obviamente, el maestro de ceremonias “el gran maestro Döner”.
La técnica consistirá en la alineación del fallecido sobre la base de alimentos y el posterior recubrimiento de éste con las sabrosas salsas y el queso de cabra albina de los montes de Kanpur. Acto seguido, “el gran maestro Döner”, con gran habilidad digna de su conocimiento y experiencia, envolverá herméticamente, primero con el ala izquierda y seguidamente con la derecha, al difunto con el sobrante de la base de pan, enclaustrándolo así para la eternidad.


 "El gran maestro Döner" Eusebio II (1931-1988), 
durante una ceremonia de toma de juramento y cargo.


Llegados a este punto, tan solo quedan por cumplir dos cometidos más, igual de fundamentales y necesarios que los anteriores.
Una vez preparado el kebab-ataúd, “el gran maestro Döner” bendecirá a unos monjes ermitaños, elegidos mediante consenso del pueblo, con unas manos y alma pura para el proceso de embalaje. Cabe añadir que una vez cumplida la función de estos monjes ermitaños, estos serán sacrificados, según directrices del ritual, para recibir posteriormente sus respectivos funerales de “muerte por kebab”.

Retomando el funeral, para el envoltorio mencionado, se hará uso de una gran tela confeccionada a base de papiro que recubrirá por completo el kebab para mantener por un lado la temperatura de los ingredientes, y por otro, el alma del difunto encerrada en el ataúd.
Por último, se procederá a la despedida final del fallecido o a la consumación del entierro, si se le prefiere llamar así. Para ello, se trasladará al difunto, ya reposando en el kebab-ataúd hasta las playas de Cochin, en el sur de la actual India. Este último viaje será íntegramente a pie y, como puede adivinarse, puede durar incluso meses. 
Los familiares y allegados serán los encargados de cargar con el kebab-ataúd, que será transportado sobre una base de madera a modo de barca, formada por diez troncos de dos metros de alargada y unos quince centímetros de diámetro y unidos unos a otros horizontalmente. 
No obstante, “el gran maestro Döner” y sus monjes amenizarán la agonía de los portadores del féretro con cantos en honor a “Dürüm”. De no encontrarse pariente cercano o persona que respondiese por el difunto, se seleccionarían de entre los profesores, médicos, artesanos e intelectuales del pueblo residente del difunto, siete encargados de portar el féretro. Debe recordarse que tanto familiares, allegados o encargados de portar el féretro (elegidos de entre los habitantes del pueblo residente del difunto), serán sacrificados, una vez finalizado el entierro, según directrices del ritual, para recibir posteriormente sus respectivos funerales de “muerte por kebab”.

El camino para el cadáver finaliza. 
Se divisa la playa y, algo más a lo lejos, el largo e infinito para la vista, Océano Índico. Una vez en la arena de cualquiera de las playas de Cochin, tanto los portadores del féretro como el resto de los presentes deberá descalzarse para poder pisar tierra santa. “El gran maestro Döner” entonará tres cánticos fúnebres depositando sobre el armazón, ya reseco y duro como el asfalto, del kebab unas monedas con el precio del valor económico actual del plato, para dar a entender al cadáver que ya no debe nada a este mundo y, por tanto, no existe vínculo alguno que lo siga atando al mundo de los vivos.

La barca se depositará en el mar y se esperará a que el oleaje vaya arrastrándola mar adentro, allí donde el sol muere.
En la orilla, “el gran maestro Döner” y los monjes asistentes, prenderán lumbre a cuantas lanzas, flechas y cócteles molotov tengan a su alcance para incinerar la barca que se irá perdiendo en el océano, mientras entonan los últimos versos en honor al fallecido. El funeral terminó.

Como apunte, se considera de buena fortuna para la reencarnación en la próxima vida en pan de pita, ser engullido por uno de los miles de calamares milenarios que pueblan el Océano Índico, en el caso de no acabar incinerado en medio del mar. De esta manera, se confía que al ser devorado por un animal de semejante especie y de reconocida nobleza, se transmita su inconfundible y característico sabor al pan de pita reencarnado, algo que, según científicos e investigadores solo acontece cada 200 años.           
 

Uno de los calamares gigantes degustando los entrantes.


FUENTES Y DOCUMENTACIÓN:

- “Todos los indios son iguales” de Joseph Nokia. Ed. Azul Buffet. 
- “Los putos indios y yo” de Joseph Nokia. Ed. Azul Buffet.
- “El bocadillo de las 05:00” de Vent Klarian. Ed. Central
- “El cigarro de después del bocadillo de las 05:00” de Vent Klarian. Ed. Central
- “Una mirada a la mitología india” de Serafín Zubiri. Classic Red Editions
- “Dürüm, el dios Kebab” de Marco Van Basten. Ed. Nightever          


Dedicado a Cpt.Pescanova.

domingo, 15 de febrero de 2009

Saturado

No doy a basto.

Como habréis comprobado, astutos lectores, últimamente no se puede decir que lleve el blog "muy a la orden del día". Y es que recientemente me he visto víctima de una avalancha ocio-cultural, siendo yo mismo verdugo a la par.
Teniendo en cuenta que intento llevar una vida basada en la disciplina del trabajo, el estudio y el ejercicio físico, preveo no ser capaz de cumplir con mis obligaciones ocio-culturales por lo que he llegado incluso a la idea de la posibilidad de la contratación de personal para que se encargue de esta última tarea (haciéndome llegar semanalmente informes breves y concisos sobre de lo ultimo visto, leído o jugado) mientras yo disfruto de vida laboral. Todo ello excelentemente remunerado, por supuesto. (Interesados, dejar datos en la sección “Comentarios”).  

Falete ya se ha ofrecido al puesto vacante.

Como decía, en primer lugar y haciendo mención al apartado cinematográfico, cada día que pasa amplío una ya larga lista de títulos ciertamente interesantes como “The reader”, “Slumdog Millionaire”, “Doubt”, “Die welle” o “Beverly Hills Chihuahua”, por mencionar algunos, amontonados en un polvoriento  y destartalado almacén no muy lejos de mi habitación. Todos piden su lugar y momento de visionado. Y a mí, empiezan a acabárseme las excusas.

El tema series, no se queda atrás. 
El invierno es largo y frio en esta ciudad. Aparte del capítulo semanal de la quinta temporada de “Lost” (que, por cierto y como opinión personal, se están yendo un poco-mucho a la mierda), voy caldeando la hoguera con la bastante adictiva “Naruto” y con la atractiva y seductora “Battlestar Galactica”. Y por si fuera poco, “Fringe”, “Heroes”, “Prison break”, “Dexter” o “House” evitarán que el fuego se extinga.

Aún hay más.
Sé que esto que viene a continuación no dice mucho a mi favor pero mentiría si dijese que he leído más libros que dedos tengo en mis dos manos. Y no es precisamente que mi curiosidad haya despertado con ansias de novela pura y dura, sino más bien con hambres de novela gráfica. Gracias al asesoramiento y a la generosidad del Vigilante de vigilantes (desde aquí, un saludo muy agradecido por esa gran obra que me tiene totalmente absorto a la par que asombrado), me he visto con “Watchmen” y “300” en las manos mientras que he conseguido recopilar otras obras del calibre de “La liga de los hombres extraordinarios”, “V de Vendetta”, “El regreso del señor de la noche”, “The spirit”o “Batman: Año Uno”.
No te digo ná y te lo digo tó.

"Quis custodiet ipsos custodes?" - Juvenal.

Vamos a por la puntilla.
Pues sí, porque en esta vida siempre se le puede dar una vuelta más de tuerca a todo. Como todo ermitaño que se precie, también dedico buena parte de mi tiempo libre al extenso mundo del videojuego. Éste que escribe, que no es más que un necio y un ignorante de la vida (como ya he dicho, creo, en alguna ocasión), era sabedor de la existencia de peculiar saga conocida como “Guitar Hero” e incluso había tonteado brevemente con ella pero, hasta hace unos días, la relación no había llegado a mas. 
En cuanto conseguí una cita con ella y estuvo en mi habitación, pudimos intimar. Me pregunté donde había estado ella durante todo este tiempo. Quizás parte de culpa también era mía por no haber buscado donde tocaba.
Dicho y hecho. Durante una tarde de esta semana y mientras filmes, series y cómics cambiaban el turno de guardia de vigilancia de mi habitación, me oculté entre las sombras y llevé a cabo una silenciosa y sigilosa escapada furtiva. Mi destino: el videoclub más cercano y, por ende, al que mas suelo acudir. Mis compañeros de fuga: cuatro juegos algo pasados y ya rejugados en varias ocasiones. Mi objetivo: …

Amigos, actualmente he llegado a la dura conclusión que mi vida social más allá de las cuatro paredes que encierran mi habitación, ha muerto.


"-Guitarrrr..."

“Guitar Hero”, la nueva burundanga.  

lunes, 2 de febrero de 2009

The discurss.

Sois muchos los que os perdisteis el discurso de la yaya Consuelo con motivo de la apertura de la 2º edición del “Festival de cine de mi habitación”. Era la oradora que más nos convencía de entre una selección en la que se barajaban nombres como el escritor Salman Rushdie, el reverendo Al Green o el americano Alfonso Ribeiro (como podéis comprobar dos de los nombrados son negros, o de color para los más sensibles. Sopa de Pepino III, desde 1679 luchando por la igualdad racial).
Por suerte, uno de los periodistas de la Agencia Efe que se encontraba en las instalaciones cubriendo el evento, nos ha remitido una trascripción exacta de las palabras de dicho discurso. 
La elocuencia, verborrea y facundia rebosan en el texto por los cuatro costados. Esperamos que lo disfrutéis como los presentes en el acto.

“Buenas tardes a todos y muchas gracias por acudir en estos momentos tan indeterminados.

Apología. Tentempié. Fisura. 

Son palabras que no me gustaron pronunciar. Nunca. Siempre me sonaron como anómalas saliendo de mi boca e intentando encontrar un sitio en las oraciones que no callé. ¿Acaso se convierte en tan ardua tarea hablar con unos mínimos de propiedad? No lo sé. Pero eso es lo que nos identifica como una gran nación, que nos cuestionemos el porque de las cosas, el sentido del todo y la nada. Que tratemos de rebañar con el pan duro de ayer cada rincón del plato en busca de los últimos suspiros de la yema del huevo frito. Que no dudemos nunca en saltarnos un semáforo de una rotonda a las 4 de la madrugada. Que creamos en esto y aquello, al fin y al cabo.

He de reconocerles que hoy me siento muy orgullosa al fin. Hemos estado luchando durante años, me atrevería a decir que incluso quinquenios, contra la alargada sombra del árbol de la dignidad austera. Hemos combatido duro, dejando atrás en el camino suplencias, fianzas y claves de acceso. ¿Qué más dará que la leche sea entera o desnatada si no lo defendemos con la confianza y la responsabilidad que se nos exige como ciudadanos? Pues si, es ahí, ahí, donde radica la cuestión, en eso y en lo otro. 

Me gustaría recitarles algo que una vez dijo un gran hombre. Estoy segura que era algo interesante, de esas cosas que le hacen a uno pensar mientras prepara la mesa para la hora de la comida o mientras llena el depósito del automóvil de gasolina diesel. Y es, en estos momentos indeterminados como decíamos antes, cuando lamento mi desinterés por recordar todo aquello que me conmueve y que por tanto me priva de hacerles cómplices de esas palabras que iba a pronunciarles. ¡Pero vamos a seguir avanzando día a día! ¡Vamos a lograrlo entre todos con paciencia y compromiso!

(Aplausos)

Gracias. Muchas gracias. 
No quisiera marcharme, no sin antes alabar la gran tarea de mi nieto, el exgordo del videoclub.
Hoy en día, acostumbrados como estamos al despotismo ilustrado y a las vejaciones técnicas, es de más que digna mención la desinteresada aportación, por mínima que esta sea, al noble arte de la protección de averías y restauraciones. Vamos a darle un aplauso, también, como se merece al exgordo del videoclub.

(Aplausos)

Sin más que añadir, les deseo y animo a que disfruten del festival. Y de la hierba.

Muchas gracias. Buenas tardes.”


¡Fuck yeah!


*Imagen cedida de forma totalmente desinteresada por el Capitán Pescanova.