miércoles, 26 de noviembre de 2008

Course Serie Nº59 (1º Parte)

Noviembre. 9:00h. de la mañana de un sábado cualquiera.

Me despierto congestionado y con dolor de cabeza. Esta especie de gripe que arrastro hace ya unas semanas parece no quererse despegar de mi cual Trident de la suela de unas Kustom.
Esta mañana, que luce orgullosa un tiempo inestable y un ambiente frío y húmedo de cojones, es diferente a cualquier otra, pues allá por las 11:00h. disputaré una amistosa carrera de karts con algunos compañeros de trabajo y amigos de los mismos.
No nos engañemos. Aunque parezca una afable y sana competición para pasar un buen rato y compartir una mañana desenfadada, es sabido por todos que se trata de una oportunidad para dar buena cuenta al resto de competidores de quien domina más en este hobby y, en consecuencia clara y directa, quien es mejor en cualquier otro aspecto.

Siendo sincero, he de reconocer que soy una persona extremadamente competitiva. Siento constantemente la necesidad de ganar, de ser el primero, de saberme superior al resto. Incluso llevo 17 años sin hablar a mi hermana por haber nacido años después que ella.
No obstante, me siento seguro y sereno, consciente de mis posibilidades (que calculo infinitas).
Sé que puedo vencer a todos los asistentes a la carrera, incluso a aquellos que aún no he tenido la oportunidad de conocer. No me es necesario saber de sus habilidades o virtudes; las mías son, sencillamente, más y mejores. 
Como dice Capitán Pescanova, esta actitud soberbia y déspota que muestro se debe, simple y llanamente, a que soy un ganador. Como ejemplos de este comentario y para hacernos una breve idea de a lo que se refiere nuestro particular sociólogo tenemos, y haciendo referencia al mundo del deporte, a Michael Jordan o más recientemente, Fernando Alonso o Cristiano Ronaldo.


Y por si quereis, aqui teneis otro ejemplo de una actidud
soberbia y déspota (de mierda).


Me visto informal e irreverente, haciendo juego con mi chulesca actitud, y, con media galleta de chocolate en la boca, me subo al coche para recoger a Capitán Pescanova, que también se ha apuntado al evento.
Ya reunidos con el resto de compañeros y amigos y después de compartir un café rancio en una gasolinera en medio de ningún sitio, nos personamos en las instalaciones que van a acoger el choque automovilístico. Una vez allí, entablo breves conversaciones para romper el hielo (broke da ice' en actual jerga americana y posible título de el último DVD de Mr.Dolph) con los participantes. Mientras hablamos de banalidades y mostramos nuestra cara más falsa, nos vamos examinando el uno al otro. Fingimos cordialidad, bromeando entre nosotros sobre la inminente carrera pero mi instinto y, sobretodo, mi dilatada experiencia me muestran como interiormente se mentalizan y concentran de forma intensa. Puedo intuir además, después de echarles un ligero vistazo a la mayoría, que en general estos chicos no son más que meros novatos, aficionados de fin de semana, por lo que la preocupación sobre mi más que segura victoria es prácticamente inexistente.

En pocos minutos y casi sin darme cuenta, me encuentro dentro de un kart. Concretamente, el que ostenta el número 13. Desde dentro del mini auto y encajonándome el casco le comento, alzando expresamente la voz, a Capitán Pescanova el número que represento para que los demás vayan intuyendo que el 13 copará el primer puesto.
Esta inicial carrera que disputamos es más bien una primera toma de contacto con el circuito y reconocimiento de la pista. De esta manera, estas primeras vueltas son exactamente para eso, comprobar el estado del asfalto, tomar nota de que curva puede resultar compleja, diferenciar entre el estilo de conducción de los pilotos...
Pero lo cierto es que en estas vueltas previas no estoy muy afortunado, que digamos.


Imagen real aérea del circuito.


En la que podría haber sido la primera oportunidad para deslumbrar al resto, sufro unas seis derrapadas, debido a la pista excesivamente mojada, que me dejan vendido. Hago una conducción prácticamente perfecta teniendo que lidiar con la humedad de la pista y las salpicaduras de los otros karts sobre mi casco, algunas de ellas provocadas de forma expresa. Cabe añadir también que conducir sobre mojado no es uno de mis puntos fuertes en lo que a la conducción competitiva se refiere.
Algunos pilotos también sufren contratiempos por culpa del empapado asfalto, cosa que me satisface bastante como para olvidarme de mis resultados. Les comento, con una sonrisa en la boca, que esto suele pasarle a los principiantes y que mi caso, ha sido más bien una pequeña serie de infortunios. En estas primeras vueltas tienen lugar también los primeros choques entre los pilotos, las primeras rencillas que, aparentemente, quedan en una sonrisa y en una encajada de manos finalizada la carrera.

Minutos después y mientras aún comentamos las primeras impresiones del circuito durante las vueltas iniciales, volvemos a subirnos en esas cortadoras de césped con ruedas para, en esta ocasión, marcar los mejores tiempos de cada piloto. Es sencillo, el que mejor tiempo haga, saldrá en la carrera final en primer lugar, y así sucesivamente hasta completar los catorce pilotos que estamos sobre la pista.
Este es un momento clave para mí. Tengo de nuevo una nueva posibilidad de asombrar a estos pobres chicos. De hacer un buen papel, me aseguraría las primeras plazas para la siguiente fase y de paso demostraría con quien están compitiendo los demás. 

He de correr más rápido que ellos. Tan solo eso. Más rápido.

(Próximamente...)

domingo, 23 de noviembre de 2008

Algo más

Esta no es una entrada más a este blog. Una de esas en las que me mofo de lo cotidiano y lo normal o narro algo, hiperbolizando por supuesto (lo siento, jefa, si usía desconoce semejante argot) que un servidor ha sobrevivido y considera mínimamente interesante. No.
Esta entrada supone algo más.

Creo que (y "creo" es una expresión bastante paradójica para llevar dos "Optimo Bruno" encima y escribir con un Lluís Canut en la mano) esta entrada es un homenaje, una oda. 
Es un canto a aquello que me embelesa sin remedio alguno y me deja en el banquillo, sentado entre los reservas. Lo cierto es que, desde ahí, el partido se ve mejor que desde ningún sitio.


Cucu!


Es un saludo para Travis y esa partida que le debo al "Little Big Planet" en su nuevo habitat que parece víctima de un traslado reciente.
Es una reverencia a Kenzo y a la no visualización de Max Payne, situación que, ambos sabemos, se dará el día en que el viento me conduzca hasta los montes de Andercherán.
Es una inclinación, con beso en la mano incluido, a la innegable paciencia de Capitán Pescanova al aguantar un "again" tras otro mientras le suelto mis lamentos bolivianos sobre mis relaciones con el sexo opuesto (o mas bien, mi relación con el sexo opuesto).
Es una exclamación al invitar a mi jefe (aunque él niegue tal diferencia laboral) al cine y, no contento con ello, disfrutar de unas cervezas, excelentemente acompañados por "La voz de la experiencia", filosofando sobre el porqué de las mujeres. Y (como no!) a esas cuarentonas siendo generoso, cincuentonas siendo realista, que te miran a ti, joven viejo que rompes el plastiquito de un Golden Coast lamentándote de la ausencia de Chesterfield, con deseos obscenos, cuasi sicalípticos.
Esta entrada es ante todo un cumplido, un feroz piropo al zapateo arrítmico de unas rumanas (y si no lo eran, lo parecían) en una vacía pista de baile luchando solas contra su ebriedad.
Y un saludo para todos aquellos que van al cine y no les gusta absolutamente nada la película que se esta proyectando o para aquellos que esperan una entrada concreta en el blog y esta no llega. Y para aquellos que mañana cambian el turno y trabajarán de noche y a solas o para los que no contestan en un blog por pereza aunque les hubiese apetecido hacerlo. Y para los que estan a punto de irse a un local de "streapers" y demas variedades y al final se lo piensan mejor o para aquellos que están extasiados con lo último de "The Killers" y lo muestran a cualquiera que se preste. O, incluso, para los que asienten con total rotundidad que su trabajo podría hacerlo un mono.


El reverendo O'Connell da el visto bueno al blog.


En definitiva, esta entrada es una recapitulación de lo que podría considerarse la esencia de este blog: un total sinsentido.

Simplifiquemos las cosas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Jorge "la suerte" Cuba

Jorge es un tipo entrañable. 
Es un simpático niggerman que trabaja como showman en la sala mas desenfadada de Big Ben, discoteca juvenil a la que tuve el placer de acudir el sábado 15 de noviembre.

Jorge vino a Cataluña hace ya 17 años desde su Cuba natal, tal y como reza su camiseta, y aquí ha encontrado un hueco donde vivir felizmente junto a su mujer Paula y sus dos hijos, Maicon de 11años y fruto de su anterior matrimonio, y Lázaro de 8 años y por tanto el mas mimado de la familia.
Jorge es un tío sencillo, humilde, de esa clase de personas a las que puedes asaltar emocionado por su actuación entre los descansos y que te recibe con los brazos abiertos soltándote un "Yo solo quiero que la gente disfrute, que hagamos juntos un poquito de cachondeo". Palabras de predicador.

Jorge es un catalán mas. Como el mismo dice "El negret esta adaptat" ("El negrito esta adaptado"). Y como buen ciudadano de estas tierras conoce nuestras costumbres y gustos. Sabe del deseo de los jovenes ligeramente embriagados por moverse al son de las canciones que perduran, o en su defecto perdurarán, año tras año. Desde "Mamma mía" hasta "Follow the leader", pasando, por supuesto, por la inmortal "Sarandonga".
Y como es un hombre entregado a su público, se deja la piel en todas y cada una de sus coreografías. 

Y como baila! No hablamos de cualquier gogó mediocre de bonito cuerpo y espléndida sonrisa pero nulos conocimientos de este arte. No. Estamos ante un auténtico artesano del baile, un adalid de la danza y un virtuoso del brinco.
Como experto animador de la escena que es, anima al publico, micrófono en mano, a seguirle por la senda de sus extraordinarias e improvisadas coreografías, las cuales, en numerosas ocasiones se convierten en árdua tarea no solo para el respetable público que lo sigue hipnotizado, sino tambien para las dos pobres bailarinas que lo acompañan sobre el escenario.


Dramatización.


Sublime. Verlo en movimiento es todo un premio para la cansada mirada de aquellos que buscan algo diferente e innovador.  Él no repite movimientos o bailes ya patentados y manidos; él crea. Desde el baile del "casposo" (perpetuado al llevarse la mano derecha a la nuca y pasarla por encime de la cabeza en direccion a la cara) hasta el "impossible 2 follow" (consistente en una serie de movimientos sin directriz alguna, basado en la continua improvisación). Este último movimiento es, por goleada abslouta, la estrella del extenso repertorio de este experto de la pantomima puesto que, segundos antes de ser iniciado, Jorge desafía al público a seguirlo obsequiando a aquel capaz de conseguirlo con una invitación de barra libre para el resto del año. Como mero espectador, se puede pedir más?

Poco más que añadir. Tan solo invitarles a disfrutar de la compañía de los bailoteos de Jorge en una velada mágica, que les hachizará por completo y, a buen seguro, les hará repetir en más de una ocasión. 

(Si desean obtener más información de Jorge "la suerte" Cuba, dejen nota en comentarios. Gracias)
(Si desean obtener más información sobre como conocerse de arriba a abajo una discoteca en su primera visita, dejen nota en comentarios. Gracias)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Con el movil en la mano y Fernando en la otra

Si amigos, Sopa de pepino III lo ha vuelto a conseguir!

Podríamos probar a correr la maratón de Nueva York, dejar el alcohol un par de semanas o incluso hacer una doble sesión de Lars Von Trier con coloquio incluido. Pero no. Para qué si esas metas estan al alcance de cualquiera.
Nosotros somos así, nos marcamos retos imbéciles y además, los cumplimos. Hemos sido capaces de visionar "Postal" en un estado total de sobriedad y llegar a reirnos con la misma, de ser reducidos por fuerzas de seguridad municipales al practicar "air-soft" vestidos como terroristas o ir al Camp Nou a apoyar a Crusat en un Barça-Almería.

No obstante, esta vez hemos ido un poco mas lejos llegando a desafiar todo límite del ridículo y la vergüenza ajena para poder lograr nuestro último objetivo.

El pasado miercoles 5 de noviembre, los cantantes de dudosa reputación Manu Castellano (quien?) y Soraya Arnelas (yepa, yepa!) actuaban en el auditorio de nuestra ciudad en una especie de concierto acústico. 
Capitán Pescanova, futuro crupier y actual terrorista de los kartings de la comarca, y un servidor lo tuvimos claro: Soraya nos espera. Esta era nuestra ocasión de poder contemplar en vivo y en directo a nuestra musa erótica, fuente principal de inspiración del onanismo que practicamos (individualmente, claro). 
Para calentar motores, que menos que cascarse medio litro de Voll Damm con unos cuantos pequeños cubos de hielo dos horas antes del evento, pues bien es sabido que a un concierto, aunque sea en un auditorio y bastante coñazo como fue éste que nos atañe, se debe ir con una mínima fiesta interna.


Diego tambien lo flipaba desde su butaca al ver a Soraya.


Acudimos a la cita. A las 21h en punto nos encontrábamos ante la puerta del auditorio Capitán Pescanova, mi santa madre, mi no tan santa hermana, la extraña pareja y un servidor.
Cápitan Pescanova y yo andábamos algo nerviosos ultimando los detalles del plan a seguir una vez acabado el concierto.
Por cierto y en referencia al evento, actuó en primer lugar el tal Manu que, con pose y voz afeminada, nos deslumbró al entonar un "Angels" de Robbie Williams (si, si, las canciones que ambos cantaban no eran suyas, sino las que Cadena 100 les obligaba a entonar a modo de "Mis canciones preferidas de ayer y de hoy"), motivo por el cual mi hermana, que lucía atuendo laboral, estuvo a punto de subir al escenario para agredir a semejante personaje. Como dato curioso y final sobre esta breve actuación que se saldó en media hora, Manu Castellano debió quedar embriagado por nuestra freak presencia puesto que le costaba apartar la mirada de allí donde estábamos ubicados.
Acto seguido actuó la esperada Soraya. Decepcionante. Demasiada ropa o poco ceñida, inexistente baile con el que hipnotizarnos y ensuciarnos las mentes y un repertorio tan visto como soso. He de reconocer que celebré el final de su actuación y no precisamente por lo que había disfrutado. Aplaudimos, se fue y nos fuimos.


Perro-Yoda nos dio el valor imprescindible para llevar a cabo nuestro cometido.


Fue despues del concierto en cuestión cuando Capitán Pescanova y un servidor, ignorando por completo al telonero de los cojones que se encontraba rodeado y saturado de menores de edad que babeaban por él, volvimos a penetrar (...) en la instalación que habia acogído a esos productos oterianos y, tras hacer cola ante más jóvenes alterados, pudimos llegar a Soraya.

Era nuestro momento, el que habíamos esperado e imaginado semanas atrás. Capitán Pescanova intercambió dos besos en las mejillas como muestra de admiración y respeto por la artista (...) mientras que yo les retrataba con la pésima cámara de mi pésimo teléfono movil. Mientras Capitán Pescanova intentaba dar coherencia a las palabras monosilábicas que salían del fondo de sus cojones, yo tambien intercambié dos besos con la pobre moza a la vez que le espetaba un falso: "Buen concierto, muchacha!". Pero la sorpresa y el momento cumbre estaban por llegar. Justo despues de retirar mis labios de esas esplendidas mejillas que jamas (...si, jamás...) besaré, metí mi mano en el bolsillo (de la chaqueta, mal pensados!) y, extrayendo dos pequeños sobres, le dije a Soraya mientras se los entregaba: "Ah, por cierto. Esto es un detalle de... de el club de fans!"; que Capitán Pescanova adornó con un: "Si, si. Cuando vuelvas por Lleida nos tienes a los dos para lo que quieras".
Sorprendida, tanto de los sobres que le acababa de entregar como de nuestras bizarras pintas, miró los sobres con cara de no saber bien del todo como actuar. Cabe decir, claro, que los sobres contenían una tarjeta con nuestros nombres, teléfonos particulares y, en el caso de Capitán Pescanova, el precio de sus servicios, cifra que asciende a la friolera de 100 eurazos finos finos. Es decir, que no sólo se la quiere cabalgar (este es el momento en el que el público femenino de el blog deja de leer tras darme varias oportunidades) si no que encima le cobra y no poco. 

Creo que pasaron unos cinco segundos en ese momento. Ella nos miraba a nosotros dos y a los sobres; nosotros no le apartabamos la vista de la poco marcada delantera puesto que la vestimenta no acompañaba.
Rápidamente, mi rancio cerebro produjo una frase que nos salvó a los tres de tan incómoda situación: "Ya los abrirás, ya los abrirás!". "Que es, como una sorpresa?" preguntó inocente a lo que contesté: "Si, bueno, no, bueno, mas o menos." Y tan sencillo como esto, dimos media vuelta y nos fuimos.


Tranqui, Robert, que una mala tarde la tiene cualquiera.


Aún esperamos su llamada sin perder la esperanza.
Ambos nos consolamos con unos "y si...?" cada vez que Capitán Pescanova y yo cruzamos una mirada y entrevemos, el uno en el otro, esa ojos cristalinos que indican el derrame de unas inminentes lágrimas saladas. Es duro, pero lo vamos sobrellevando.
No osbtante, siempre podremos decir que, aunque fuese por unos segundos, Soraya tuvos nuestros telefonos.

Y si un día se aburre tanto que (eso si no ha tirado, quemado, roto, lanzado, olvidado, triturado, mojado, deshecho, desintegrado, despedazado o arrojado las tarjetas) nos llama?