domingo, 14 de diciembre de 2008

Me brindaría lumbre, joven?

Dicen que con la educación se va a cualquier parte. 
Está claro que, a la cama acompañado de una hembra Vegasicilia del 84 Especial Reserva, no. Y lo cierto es que con una hembra Don Simón Carrión tampoco. Esto es asín.

Nací en el Medievo, creo. Según voces con más experiencia que la mía propia y después de varios estudios y encuestas realizadas a una sola persona “after Volldamm time”, las mujeres de hoy en día (y entiéndase esto como toda fémina encontrándose entre los 18 y 30) buscan lo que se conoce como “lobos”, wolves en ingles. Por supuesto, y antes de seguir y ganarme el odio y la irascible crítica de todo el colectivo femenino lector de Sopa de Pepino III compuesto por ninguna mujer, cabe añadir a lo anterior y a lo próximamente dicho que esta entrada hace referencia a una gran mayoría aunque siempre hay excepciones.

Pues bien, después de guardarme las espaldas y de salvar las pocas posibilidades que me queden de despertar junto a una persona del sexo opuesto de forma gratuita, disfrutemos de este interesante tema para todos aquellos que hemos sido directamente maltratados por este tipo de mujeres. 

A menudo me pregunto cómo entablar conversación con una chica sin salir trasquilado. Los ya manidos “tienes fuego?”, “tienes hora?”, “estudias o trabajas?” y un largo etcétera, han quedado en desuso. Parece ser que hoy en día si no es con un “hola, follamos ya o tengo que decir tonterías hasta que nos cansemos?”o “tengo un par de pollos del Tío Cosme, a que esperas para lamerme la huevada?”, uno no se come una puta mierda. 
Que conste que lo de la farlopa no me lo invento puesto que según estudios que aparecen en Antena 3 anualmente para recordarnos lo mal que esta la juventud, el consumo de cocaína por parte del colectivo femenino ha ascendido hasta dejar atrás al colectivo masculino. Esto, también es asin.


Sopa de Pepino III: colaborando con la sociedad
aportando estudios sociológicos desde 1975.


Viendo semejante percal, este media mierda que escribe tiene dos problemas. 
El primero y más sencillo es el tema monetario. No puedo costearme drogas a mí mismo y se las voy a pagar a la primera con monazo incluido que me encuentre. Y una mierda. Haciendo cuentas, saldría más económico ir a cualquier polígono en busca de señoras de esas que parece que les gusta pasar frío a la intemperie y saciar mi apetito sexual aprendiendo a la vez rumano, ruso, nigeriano o portugués. Seamos inteligentes y exprimamos cada céntimo. “Perdona, mientras echamos el polvo, puedes recitarme en tu idioma natal las preposiciones?”. Es una idea.

Mi otro problema (respecto a este tema, claro) se encuentra en mi actitud. No sé ser un chulo, un guay, un vacilón, un lobo (tal y como decíamos antes). No me sale. Me entreno ante el espejo del aseo de mi casa lanzándome a mí mismo miradas insinuadoras y desafiantes y violándome psicológicamente con frases sacadas de películas de Max Cortés y de Arturo Fernández. “Te he estado viendo toda la noche y ambos sabemos que saldremos de este garito para acabar en mi cama.” O “Mira chata, no me negaras que lo mío es buena planta y no lo de el jardín de afuera, eh?” Como un servidor es un necio de la vida y recién ignorante 2008, recojo ambas expresiones dignas de premio Planeta y las uno creyendo que dará lugar a una súper frase capaz de abatir a cualquier mujer que se me cruce. “Mira chata, te he estado viendo toda la noche y ambos sabemos que lo mío es buena planta y no lo de acabar en mi cama”. A la mierda.


Cuidado con este colectivo.


Para los seres grises y tristes, como éste que escribe, disponemos de una opción alternativa, otra vía de escape. Para iniciarnos en este sombrío camino deberemos, contar con al menos unos 20 €uros in cash para poder llevar a cabo con éxito la operación. 
Básicamente se trata de tener paciencia y esperar en un garito nocturno, una discoteca o pub preferentemente, a que pasen las horas y la sala se vaya vaciando, dejando así al descubierto esa clase de mujeres tan amada por unos y odiada por otros: las borrachas. 
Las borrachas, por norma, son de fácil acceso y rápida e incoherente conversación, por lo que el hombre culturalmente pobre no necesitara de extenso vocabulario para cortejarla. Como decimos, son aptas para todo tipo de hombre en lo que a la parte psicológica refiere. El único contratiempo será (y aquí es donde demostramos que pensamos en todo) que habrá que invitar al espécimen a alcoholizarse más o bien porque nos lo pide ella misma o porque aun está suficientemente consciente para nuestro gusto. 

Esta es otra manera de obrar, dicen que con una efectividad del 88% de las veces intentadas. No obstante yo con este tipo de señoras o señoritas prefiero no vérmelas, no sea que en pleno meneo le dé por intentar devolver el alcohol a su estado original, salpicando mi pecho, me dé rollo y descubra que soy un apasionado de la emetofilia.

Somos víctimas de la consecuencia de años de represión femenina.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Course Serie Nº59 (Bonus)

Pues nada, aquí dejo algunas fotos del día en cuestión. Eso sí, preservando la intimidad en todo momento.



















Course Serie Nº59 (Alternative ending)

El semáforo de salida anuncia el inicio de la carrera final. No hay vuelta atrás.

14 pilotos estrangulan aprisa el acelerador buscando el liderazgo que ostento hasta la primera curva, en la que una colisión múltiple desbarata el orden inicial de los competidores. Imagino la existencia de un nuevo pacto entre mis adversarios ya que me veo continuamente agredido por más de uno de ellos. Choques sin motivo alguno, encerronas entre más de dos pilotos, bloqueos antideportivos…
Es en momentos como estos cuando aparece la cara más sucia e indecente de las personas. Compito contra una deportividad cero y con una avería que ha sufrido mi vehículo en uno de los encontronazos. No obstante, no me doy por vencido e intento pelear por la victoria hasta que la mala suerte vuelve a azotarme cuando se cruza ante mí, en pleno vuelo rasante, una pequeña ave que, aunque intento sortear con gran habilidad, acabo arroyando, quedando trabada en una de las ruedas traseras. 

Mis rivales, comprobando que he quedado anulado en la competición, aprovechan para ganarme distancia... 

... pero como todo ganador nato, desplego en cuestión de segundos un pequeño arsenal de herramientas básicas que me permiten reparar el kart sin detenerme en ningún momento durante la carrera. Subsanados los problemas del motor y la rueda trasera, me dispongo a dar hasta el último aliento para salir vencedor de la pista. No voy a permitir que semejantes personajes se salgan con la suya y si he de recurrir a la violencia, que así sea.

En un santiamén y con un par de arriesgadísimos adelantamientos, uno de los cuales provoca un accidente mortal para el piloto rival, vuelvo a entrar en la disputa por los cinco primeros puestos. El piloto situado a escasos metros de mí e intuyendo que en breve será avanzado, deja caer sobre la pista siete patitos junto a la madre pato con el fin de detenerme. Aunque con dificultad, mi gran pericia al volante me permite esquivarlos. También hago lo propio con dos charcos de aceite, una abuela tejiendo en mecedora y un piano de cola tocado por Serafín Zubiri, al que le pido prestadas sus gafas para protegerme de varios punteros láser que apuntan sobre mis ojos.


Suerte que contaba con la ayuda del perro lazarillo de Serafín.

A medida que avanza la carrera, esta va tornándose en mi particular cruzada contra el mal. Otro de los pilotos con el que disputo un par de curvas, invoca una legión de nazis negros, a los que tengo que abatir con mi M96 hasta que agoto la munición, momento en el que me veo forzado a esquivar un centenar de proyectiles siempre con la meta como objetivo primordial. 
Al inicio de la última vuelta de la carrera me encuentro en segundo lugar, batallando con el líder provisional e intentando no ser herido por las balas del ejercito nazi, al cual se ha vuelto ha sumar las bajas que habían sufrido ya que parecen volver a la vida. 
El combate es duro y los dos pilotos acabamos poniendonos en pie sobre nuestros vehículos e intercambiando un puñetazo tras otro. Uno de los golpes que recibo, me deja seriamente herido, pero soy capaz de atestarle un último cabezazo que lo noquea y lo deja en la cuneta a un tercio del final de la carrera.

Estoy a punto de lograrlo. Tan solo he de resisitir unos cuantos metros más aunque la lluvia incesante de artillería de los zombis nazis negros está afectando seriamente el estado de mi vehículo. Para colmo, descubro un pequeña mochila cargada de material altamente explosivo popularmente conocido como C4 con un temporizador que marca cinco segundos y bajando para activar la detonación.
Tan solo puedo arrojar la carga explosiva que estalla a escasos metros detrás de mi lanzándome a gran velocidad hacia la meta permitiéndome quedar en el ansiado primer lugar.


Please, enjoy.


Herido, con el volante en la mano como única pieza del kart que ha resisitido a la infernal carrera, me alzo con la gloriosa victoria mientras un grupo de jovenes animadoras junto a todos los pilotos me llevan en volandas y me hacen entrega del mayor premio jamás imaginado: el cáliz de la vida.
El gran espectáculo piromusical ilumina nuestras caras y mientras un chef turco prepara kebabs de pollo con queso para todos.

"A mi no me hacen falta sardinas pa' beber agua"

Course Series Nº59 (2º Parte)

He de correr más rápido que ellos. Tan solo eso. Más rápido.

Y sin muchas dilaciones ni florituras, empezamos a rodar uno tras otro abandonando los modestos boxes, envidiosos de no formar parte de un circuito profesional.
La velocidad de los pilotos y el ritmo e intensidad del recorrido aumenta progresivamente. 
En esta nueva disputa el rival es, al fin y al cabo, uno mismo. No importa ser adelantado o dejar atrás a los otros competidores. Lo realmente trascendental es realizar un recorrido perfecto fruto de una excelente conducción para llegar a conseguir una gran marca de tiempo. 
O lo que es lo mismo: carbonizar las curvas, asfixiar el acelerador, forzar con milimétrica precisión el volante y repudiar el pedal del freno.
Siendo máxime practicante de estos principios, me empleo a fondo en la pista, que ahora se encuentra algo más seca, prestando atención a todo cuanto sucede a mí alrededor. 

Durante buena parte de estas vueltas algunos de los conductores, sabedores de mis altas probabilidades de alzarme con la victoria, intentan perjudicar mis resultados colisionando de forma expresa sus vehículos contra el mío e intentando desplazarme fuera de la pista. 
Observo además que estos ataques indiscriminados solo van dirigidos hacia mí. Parece ser que han olvidado las pequeñas disputas entre ellos y, previo pacto, han decidido aliarse en mi contra.
Esto solo significa un pequeño contratiempo pues, de todos modos, consigo llevar a cabo en varias ocasiones un recorrido magistral, impartiendo al resto, de forma inevitable, una autentica clase de conducción.


Dramatización.


En cuestión de minutos, volvemos a detener los karts en la zona indicada y a deshacernos de los asfixiantes cascos. Aun con el frio de la mañana, he de secar un par de gotas de sudor algo despistadas que merodean por mi frente.
Varios pilotos charlan de nuevo y aplauden sus aventuras y desventuras sobre la pista mientras otro grupo se encarga de recoger e interpretar el impreso con los resultados. 
Doy por hecho que un error en el cronometraje ha sido el principal causante de que mis tiempos consten como los peores de todos los pilotos. Aunque a nadie parece extrañarle, repito cada treinta y cinco segundos que no comprendo cómo puede haber pasado, que he desarrollado varias vueltas sin error alguno y que debe haber algún fallo informático en el cálculo de la duración de los recorridos o en la impresión del archivo.

Cuando comienza a tomar forma la idea de quejarme seriamente y exigir que se vuelva repetir la anterior prueba, uno de mis compañeros me comenta que entre todos los pilotos han decidido que sea yo quien salga primero en la carrera final.
No pregunto porque, solo considero que se hace justicia. Agradezco su gesto intentando esconder mi regocijo y mis ganas de gritarles que eso es exactamente lo que debía pasar. 
Me alejo levemente de la cuadrilla, que aun discute sobre los próximos posicionamientos de salida con la hoja de tiempos en mano, y doy un pequeño paseo por los alrededores para estirar las piernas y concentrarme en la prueba final. Pienso que en el fondo quizá sean buenos chicos. 


Nice.

No hay tiempo para más. Estamos ante la última etapa antes de alzarse con la victoria, el peldaño previo hacia el ansiado podio, la fina línea que separa de aquellos que alcanzaran la gloria y serán aclamados de los que descenderán a los infernos y acabarán siendo abucheados.
Volvemos a ligarnos los guantes, a encajonarnos los cascos y a acomodarnos por última vez en los vehículos. 
Indicados por el coordinador de las instalaciones, nos posicionamos en la parrilla de salida según los anteriores resultados. Me encuentro encabezando el elenco de gladiadores que batallarán hasta agotar sus fuerzas por la victoria. Algunos se santiguan y besan alguna cadena o anillo buscando la suerte en ese amuleto, otros alzan la mirada al cielo y parecen recitar algunas palabras esperando asistencia divina, mientras los pequeños motores de los karts rugen impacientes.

El semáforo de salida anuncia el inicio de la carrera final. No hay vuelta atrás.

Catorce pilotos estrangulan aprisa el acelerador buscando el liderazgo que ostento hasta la primera curva, en la que una colisión múltiple desbarata el orden inicial de los competidores. Imagino la existencia de un nuevo pacto entre mis adversarios ya que me veo continuamente agredido por más de uno de ellos. Choques sin motivo alguno, encerronas entre más de dos pilotos, bloqueos antideportivos…
Es en momentos como estos cuando aparece la cara más sucia e indecente de las personas. Compito contra una deportividad cero y arrastrando una avería que ha sufrido mi vehículo en uno de los encontronazos. No obstante, no me doy por vencido e intento pelear por la victoria hasta que la mala suerte vuelve a azotarme cuando se cruza ante mí, en pleno vuelo rasante, una pequeña ave que, aunque intento sortear con gran habilidad, acabo arroyando, quedando trabada en una de las ruedas traseras. 


Nascar es una puta mierda comparado con lo vivido aquel día.


Mis rivales, comprobando que he quedado anulado en la competición, aprovechan para ganarme no solo distancia sino también posiciones. Me veo adelantado una vez. Otra más. Y otra más. Así hasta un total de nueve veces. La carrera está perdida.

Continúo corriendo a toda la velocidad que mi dañado kart me permite para salvar al menos esa posición. No puedo permitirme quedar último, sería demasiado bochornoso para un conductor tan experimentado.

Finaliza la carrera. Empiezo en primer lugar, termino en el décimo. Soy derrotado por la anti deportividad, la injusticia y la mala fortuna, no por los otros trece pilotos.
Salimos de nuevo de los karts y nos deshacemos finalmente de los cascos. Los chicos, a los que miro con indiferencia mientras me arde el pecho de rencor y odio, ríen, jalean y comentan lo vivido. 
Busco entre el tumulto a Capitán Pescanova, al que hasta ahora no me había vuelto a dirigir por pura rivalidad, para marcharnos en breve de allí. Me comenta quien copa los primeros puestos y añade que ha resultado divertido y que se lo ha pasado bien. Ignorando por completo sus palabras y buscando las llaves de mi automóvil, le digo que se calle, que no quiero escuchar palabra alguna sobre lo ocurrido esa mañana.

Mientras los pilotos ganadores reciben su premio, una mediocre copa en miniatura que no acredita absolutamente nada sobre el evento, nos dirigimos hacia el coche. Uno de mis compañeros me aborda preguntándome si ya he de marchar y añade que ha quedado todo el grupo para tomar algo. Le contesto que tengo prisa, que no debo entretenerme, y prometiéndole otra próxima carrera, tomo rumbo hacia casa.

Durante el trayecto, detengo el automóvil en un terraplén y golpeo el volante con desmesurada rabia unas siete veces. 

Me consuela pensar que no son más que meros novatos, aficionados de fin de semana.

martes, 2 de diciembre de 2008

Sopa de Pepino III presenta: "Una breve historia sobre la corta vida de un cigarro"

El bar estaba medio vacío. Tan solo un par de mesas cercanas al escenario, donde de vez en cuando actuaba algún grupo local, estaban ocupadas. En una de ellas, una pareja se miraba y besaba continuamente. Parecía como si quisieran promocionar el amor que a ellos tan bien les hacía sentir y transmitirlo al resto de infieles, a esos ateos de un dogma en desuso. En otra mesa y no muy lejos de la pareja, un grupo de cuatro amigos soltaban cada siete minutos una gran risotada mientras se pasaban un cigarro condimentado. Los botellines vacíos de cerveza que abarrotaban su mesa me recordaban a un fortín.
La escasa y tenue luz y una música escogida, por cierto, con muy buen gusto, hacían acogedor al local. No ostentaba una decoración de lo más "cool" o una amplia y selecta carta de vinos, pero tampoco era necesario. Como decía aquel, la sencillez es el mejor adorno.

Miré al camarero y, mientras encendía un cigarro, pedí un ruso blanco. El hombre dejó de secar unas copas y desapareció tras una puerta ubicada al final de la barra. Supuse que me había oído.
Daba la segunda calada cuando hizo su entrada en el local. Discreta, sin filigrana alguna, pero radiante de cualquier modo. Empezaron a sonar, en ese instante, los primeros acordes de "I put a spell on you" en su versión del 68 por los Creedence Clearwater Revival, cosa que agradecí secretamente.

Se acercó hasta a mí e intercambiamos un soso "Hola"
Me preguntó si llevaba mucho rato esperando y le contesté que no más de veinte minutos. Aunque ella no lo supiera, nunca me había importado aguardar demasiado tiempo si ella constituía el objeto de tal espera.
Le propuse tomar algo pero lo rechazó argumentando que no tenía mucho tiempo, que aún tenía que hacer algunas cosas. Me felicité por no tener ninguna obligación a comparación de ella, me podía pasar la tarde bebiendo y charlando con el barman.
Soltó "un voy a ser directa porque sabes que no me gusta andarme con rodeos". Y me temí lo peor aunque mi cara fingiese una frívola sonrisa al servirme el camarero el combinado.
"Me voy de la ciudad por bastante tiempo, aunque creo que ya lo sabías". Sí, lo sabía. En una ciudad pequeña y con conocidos en común es difícil no saber algo de alguien o el qué de quién.
"Buen viaje" le contesté rencoroso. Y me dio una sonora bofetada que provocó el silencio y la expectación del grupo de amigos del fondo del local hasta que volvieron a reírse entre ellos y nos ignoraron por completo.


"Nuestro encuentro no había durado ni la corta vida de un cigarro, creo."


Reconozco que fue una respuesta un poco imbécil por mi parte. Pero me habían dolido sus palabras mucho más que su leve agresión. Ella consciente de esto, se disculpó del manotazo. El frío ruso blanco calmaba mi ardiente mejilla.
"No quería decir eso. Tan solo...". Y sin dejarme acabar la frase, algo que sabía que detestaba, bebió un buen trago de mi vaso y me besó. Y creo que lo hizo de la forma más apasionada que nunca lo había hecho. Me recordó a nuestro primer en beso en la despedida de aquella lejana segunda cita. Ciertamente, no era de extrañar. Estábamos ante nuestro último beso. Sus labios quemaban, su lengua empapaba.

Unos segundos después su boca se alejo de la mía. "Mierda!" pensé. Me miró a los ojos y dijo que sentía que las cosas hubiesen salido así, que uno no puede decidir de quien se enamora. Aunque no me gustasen sus palabras e intentase omitirlas, estas resonaban en mi cabeza con más dureza de la que podía soportar.
"Lo siento pero tengo que irme" expuso ella, a lo que solo fui capaz de contestar "Cuídate". Y mientras se acercaba a darme un inocente beso en la mejilla me susurró que me quería. 

No le hizo falta ponerse el abrigo, pues aún no se lo había quitado. Nuestro encuentro no había durado ni la corta vida de un cigarro, creo. Me miró y antes de que me dijera adiós le pregunté si nos volveríamos a ver. "Quien sabe..." dejó caer y se marchó despidiéndose con una frágil reverencia con su mano derecha. Me volví a quedar solo en el local o, en su defecto, con la pareja de enamorados y el grupo de amigos que evidenciaban ya un exceso de alcohol en su sangre.

Miré hacia el vaso que ahora estaba prácticamente vacío. Sonreí por unos segundos. Levanté la mirada hacia el camarero y me preguntó si deseaba una segunda copa. "Claro, cómo no!". Encendí un nuevo cigarro y la canción "Ghetto Woman" de B.B. King empezó a impregnar el humo que flotaba sin rumbo por el local. 

"Podría ser peor", pensé, y,  mientras lamentaba mi suerte, empecé a perder la noción del tiempo en aquel bar.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Course Serie Nº59 (1º Parte)

Noviembre. 9:00h. de la mañana de un sábado cualquiera.

Me despierto congestionado y con dolor de cabeza. Esta especie de gripe que arrastro hace ya unas semanas parece no quererse despegar de mi cual Trident de la suela de unas Kustom.
Esta mañana, que luce orgullosa un tiempo inestable y un ambiente frío y húmedo de cojones, es diferente a cualquier otra, pues allá por las 11:00h. disputaré una amistosa carrera de karts con algunos compañeros de trabajo y amigos de los mismos.
No nos engañemos. Aunque parezca una afable y sana competición para pasar un buen rato y compartir una mañana desenfadada, es sabido por todos que se trata de una oportunidad para dar buena cuenta al resto de competidores de quien domina más en este hobby y, en consecuencia clara y directa, quien es mejor en cualquier otro aspecto.

Siendo sincero, he de reconocer que soy una persona extremadamente competitiva. Siento constantemente la necesidad de ganar, de ser el primero, de saberme superior al resto. Incluso llevo 17 años sin hablar a mi hermana por haber nacido años después que ella.
No obstante, me siento seguro y sereno, consciente de mis posibilidades (que calculo infinitas).
Sé que puedo vencer a todos los asistentes a la carrera, incluso a aquellos que aún no he tenido la oportunidad de conocer. No me es necesario saber de sus habilidades o virtudes; las mías son, sencillamente, más y mejores. 
Como dice Capitán Pescanova, esta actitud soberbia y déspota que muestro se debe, simple y llanamente, a que soy un ganador. Como ejemplos de este comentario y para hacernos una breve idea de a lo que se refiere nuestro particular sociólogo tenemos, y haciendo referencia al mundo del deporte, a Michael Jordan o más recientemente, Fernando Alonso o Cristiano Ronaldo.


Y por si quereis, aqui teneis otro ejemplo de una actidud
soberbia y déspota (de mierda).


Me visto informal e irreverente, haciendo juego con mi chulesca actitud, y, con media galleta de chocolate en la boca, me subo al coche para recoger a Capitán Pescanova, que también se ha apuntado al evento.
Ya reunidos con el resto de compañeros y amigos y después de compartir un café rancio en una gasolinera en medio de ningún sitio, nos personamos en las instalaciones que van a acoger el choque automovilístico. Una vez allí, entablo breves conversaciones para romper el hielo (broke da ice' en actual jerga americana y posible título de el último DVD de Mr.Dolph) con los participantes. Mientras hablamos de banalidades y mostramos nuestra cara más falsa, nos vamos examinando el uno al otro. Fingimos cordialidad, bromeando entre nosotros sobre la inminente carrera pero mi instinto y, sobretodo, mi dilatada experiencia me muestran como interiormente se mentalizan y concentran de forma intensa. Puedo intuir además, después de echarles un ligero vistazo a la mayoría, que en general estos chicos no son más que meros novatos, aficionados de fin de semana, por lo que la preocupación sobre mi más que segura victoria es prácticamente inexistente.

En pocos minutos y casi sin darme cuenta, me encuentro dentro de un kart. Concretamente, el que ostenta el número 13. Desde dentro del mini auto y encajonándome el casco le comento, alzando expresamente la voz, a Capitán Pescanova el número que represento para que los demás vayan intuyendo que el 13 copará el primer puesto.
Esta inicial carrera que disputamos es más bien una primera toma de contacto con el circuito y reconocimiento de la pista. De esta manera, estas primeras vueltas son exactamente para eso, comprobar el estado del asfalto, tomar nota de que curva puede resultar compleja, diferenciar entre el estilo de conducción de los pilotos...
Pero lo cierto es que en estas vueltas previas no estoy muy afortunado, que digamos.


Imagen real aérea del circuito.


En la que podría haber sido la primera oportunidad para deslumbrar al resto, sufro unas seis derrapadas, debido a la pista excesivamente mojada, que me dejan vendido. Hago una conducción prácticamente perfecta teniendo que lidiar con la humedad de la pista y las salpicaduras de los otros karts sobre mi casco, algunas de ellas provocadas de forma expresa. Cabe añadir también que conducir sobre mojado no es uno de mis puntos fuertes en lo que a la conducción competitiva se refiere.
Algunos pilotos también sufren contratiempos por culpa del empapado asfalto, cosa que me satisface bastante como para olvidarme de mis resultados. Les comento, con una sonrisa en la boca, que esto suele pasarle a los principiantes y que mi caso, ha sido más bien una pequeña serie de infortunios. En estas primeras vueltas tienen lugar también los primeros choques entre los pilotos, las primeras rencillas que, aparentemente, quedan en una sonrisa y en una encajada de manos finalizada la carrera.

Minutos después y mientras aún comentamos las primeras impresiones del circuito durante las vueltas iniciales, volvemos a subirnos en esas cortadoras de césped con ruedas para, en esta ocasión, marcar los mejores tiempos de cada piloto. Es sencillo, el que mejor tiempo haga, saldrá en la carrera final en primer lugar, y así sucesivamente hasta completar los catorce pilotos que estamos sobre la pista.
Este es un momento clave para mí. Tengo de nuevo una nueva posibilidad de asombrar a estos pobres chicos. De hacer un buen papel, me aseguraría las primeras plazas para la siguiente fase y de paso demostraría con quien están compitiendo los demás. 

He de correr más rápido que ellos. Tan solo eso. Más rápido.

(Próximamente...)

domingo, 23 de noviembre de 2008

Algo más

Esta no es una entrada más a este blog. Una de esas en las que me mofo de lo cotidiano y lo normal o narro algo, hiperbolizando por supuesto (lo siento, jefa, si usía desconoce semejante argot) que un servidor ha sobrevivido y considera mínimamente interesante. No.
Esta entrada supone algo más.

Creo que (y "creo" es una expresión bastante paradójica para llevar dos "Optimo Bruno" encima y escribir con un Lluís Canut en la mano) esta entrada es un homenaje, una oda. 
Es un canto a aquello que me embelesa sin remedio alguno y me deja en el banquillo, sentado entre los reservas. Lo cierto es que, desde ahí, el partido se ve mejor que desde ningún sitio.


Cucu!


Es un saludo para Travis y esa partida que le debo al "Little Big Planet" en su nuevo habitat que parece víctima de un traslado reciente.
Es una reverencia a Kenzo y a la no visualización de Max Payne, situación que, ambos sabemos, se dará el día en que el viento me conduzca hasta los montes de Andercherán.
Es una inclinación, con beso en la mano incluido, a la innegable paciencia de Capitán Pescanova al aguantar un "again" tras otro mientras le suelto mis lamentos bolivianos sobre mis relaciones con el sexo opuesto (o mas bien, mi relación con el sexo opuesto).
Es una exclamación al invitar a mi jefe (aunque él niegue tal diferencia laboral) al cine y, no contento con ello, disfrutar de unas cervezas, excelentemente acompañados por "La voz de la experiencia", filosofando sobre el porqué de las mujeres. Y (como no!) a esas cuarentonas siendo generoso, cincuentonas siendo realista, que te miran a ti, joven viejo que rompes el plastiquito de un Golden Coast lamentándote de la ausencia de Chesterfield, con deseos obscenos, cuasi sicalípticos.
Esta entrada es ante todo un cumplido, un feroz piropo al zapateo arrítmico de unas rumanas (y si no lo eran, lo parecían) en una vacía pista de baile luchando solas contra su ebriedad.
Y un saludo para todos aquellos que van al cine y no les gusta absolutamente nada la película que se esta proyectando o para aquellos que esperan una entrada concreta en el blog y esta no llega. Y para aquellos que mañana cambian el turno y trabajarán de noche y a solas o para los que no contestan en un blog por pereza aunque les hubiese apetecido hacerlo. Y para los que estan a punto de irse a un local de "streapers" y demas variedades y al final se lo piensan mejor o para aquellos que están extasiados con lo último de "The Killers" y lo muestran a cualquiera que se preste. O, incluso, para los que asienten con total rotundidad que su trabajo podría hacerlo un mono.


El reverendo O'Connell da el visto bueno al blog.


En definitiva, esta entrada es una recapitulación de lo que podría considerarse la esencia de este blog: un total sinsentido.

Simplifiquemos las cosas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Jorge "la suerte" Cuba

Jorge es un tipo entrañable. 
Es un simpático niggerman que trabaja como showman en la sala mas desenfadada de Big Ben, discoteca juvenil a la que tuve el placer de acudir el sábado 15 de noviembre.

Jorge vino a Cataluña hace ya 17 años desde su Cuba natal, tal y como reza su camiseta, y aquí ha encontrado un hueco donde vivir felizmente junto a su mujer Paula y sus dos hijos, Maicon de 11años y fruto de su anterior matrimonio, y Lázaro de 8 años y por tanto el mas mimado de la familia.
Jorge es un tío sencillo, humilde, de esa clase de personas a las que puedes asaltar emocionado por su actuación entre los descansos y que te recibe con los brazos abiertos soltándote un "Yo solo quiero que la gente disfrute, que hagamos juntos un poquito de cachondeo". Palabras de predicador.

Jorge es un catalán mas. Como el mismo dice "El negret esta adaptat" ("El negrito esta adaptado"). Y como buen ciudadano de estas tierras conoce nuestras costumbres y gustos. Sabe del deseo de los jovenes ligeramente embriagados por moverse al son de las canciones que perduran, o en su defecto perdurarán, año tras año. Desde "Mamma mía" hasta "Follow the leader", pasando, por supuesto, por la inmortal "Sarandonga".
Y como es un hombre entregado a su público, se deja la piel en todas y cada una de sus coreografías. 

Y como baila! No hablamos de cualquier gogó mediocre de bonito cuerpo y espléndida sonrisa pero nulos conocimientos de este arte. No. Estamos ante un auténtico artesano del baile, un adalid de la danza y un virtuoso del brinco.
Como experto animador de la escena que es, anima al publico, micrófono en mano, a seguirle por la senda de sus extraordinarias e improvisadas coreografías, las cuales, en numerosas ocasiones se convierten en árdua tarea no solo para el respetable público que lo sigue hipnotizado, sino tambien para las dos pobres bailarinas que lo acompañan sobre el escenario.


Dramatización.


Sublime. Verlo en movimiento es todo un premio para la cansada mirada de aquellos que buscan algo diferente e innovador.  Él no repite movimientos o bailes ya patentados y manidos; él crea. Desde el baile del "casposo" (perpetuado al llevarse la mano derecha a la nuca y pasarla por encime de la cabeza en direccion a la cara) hasta el "impossible 2 follow" (consistente en una serie de movimientos sin directriz alguna, basado en la continua improvisación). Este último movimiento es, por goleada abslouta, la estrella del extenso repertorio de este experto de la pantomima puesto que, segundos antes de ser iniciado, Jorge desafía al público a seguirlo obsequiando a aquel capaz de conseguirlo con una invitación de barra libre para el resto del año. Como mero espectador, se puede pedir más?

Poco más que añadir. Tan solo invitarles a disfrutar de la compañía de los bailoteos de Jorge en una velada mágica, que les hachizará por completo y, a buen seguro, les hará repetir en más de una ocasión. 

(Si desean obtener más información de Jorge "la suerte" Cuba, dejen nota en comentarios. Gracias)
(Si desean obtener más información sobre como conocerse de arriba a abajo una discoteca en su primera visita, dejen nota en comentarios. Gracias)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Con el movil en la mano y Fernando en la otra

Si amigos, Sopa de pepino III lo ha vuelto a conseguir!

Podríamos probar a correr la maratón de Nueva York, dejar el alcohol un par de semanas o incluso hacer una doble sesión de Lars Von Trier con coloquio incluido. Pero no. Para qué si esas metas estan al alcance de cualquiera.
Nosotros somos así, nos marcamos retos imbéciles y además, los cumplimos. Hemos sido capaces de visionar "Postal" en un estado total de sobriedad y llegar a reirnos con la misma, de ser reducidos por fuerzas de seguridad municipales al practicar "air-soft" vestidos como terroristas o ir al Camp Nou a apoyar a Crusat en un Barça-Almería.

No obstante, esta vez hemos ido un poco mas lejos llegando a desafiar todo límite del ridículo y la vergüenza ajena para poder lograr nuestro último objetivo.

El pasado miercoles 5 de noviembre, los cantantes de dudosa reputación Manu Castellano (quien?) y Soraya Arnelas (yepa, yepa!) actuaban en el auditorio de nuestra ciudad en una especie de concierto acústico. 
Capitán Pescanova, futuro crupier y actual terrorista de los kartings de la comarca, y un servidor lo tuvimos claro: Soraya nos espera. Esta era nuestra ocasión de poder contemplar en vivo y en directo a nuestra musa erótica, fuente principal de inspiración del onanismo que practicamos (individualmente, claro). 
Para calentar motores, que menos que cascarse medio litro de Voll Damm con unos cuantos pequeños cubos de hielo dos horas antes del evento, pues bien es sabido que a un concierto, aunque sea en un auditorio y bastante coñazo como fue éste que nos atañe, se debe ir con una mínima fiesta interna.


Diego tambien lo flipaba desde su butaca al ver a Soraya.


Acudimos a la cita. A las 21h en punto nos encontrábamos ante la puerta del auditorio Capitán Pescanova, mi santa madre, mi no tan santa hermana, la extraña pareja y un servidor.
Cápitan Pescanova y yo andábamos algo nerviosos ultimando los detalles del plan a seguir una vez acabado el concierto.
Por cierto y en referencia al evento, actuó en primer lugar el tal Manu que, con pose y voz afeminada, nos deslumbró al entonar un "Angels" de Robbie Williams (si, si, las canciones que ambos cantaban no eran suyas, sino las que Cadena 100 les obligaba a entonar a modo de "Mis canciones preferidas de ayer y de hoy"), motivo por el cual mi hermana, que lucía atuendo laboral, estuvo a punto de subir al escenario para agredir a semejante personaje. Como dato curioso y final sobre esta breve actuación que se saldó en media hora, Manu Castellano debió quedar embriagado por nuestra freak presencia puesto que le costaba apartar la mirada de allí donde estábamos ubicados.
Acto seguido actuó la esperada Soraya. Decepcionante. Demasiada ropa o poco ceñida, inexistente baile con el que hipnotizarnos y ensuciarnos las mentes y un repertorio tan visto como soso. He de reconocer que celebré el final de su actuación y no precisamente por lo que había disfrutado. Aplaudimos, se fue y nos fuimos.


Perro-Yoda nos dio el valor imprescindible para llevar a cabo nuestro cometido.


Fue despues del concierto en cuestión cuando Capitán Pescanova y un servidor, ignorando por completo al telonero de los cojones que se encontraba rodeado y saturado de menores de edad que babeaban por él, volvimos a penetrar (...) en la instalación que habia acogído a esos productos oterianos y, tras hacer cola ante más jóvenes alterados, pudimos llegar a Soraya.

Era nuestro momento, el que habíamos esperado e imaginado semanas atrás. Capitán Pescanova intercambió dos besos en las mejillas como muestra de admiración y respeto por la artista (...) mientras que yo les retrataba con la pésima cámara de mi pésimo teléfono movil. Mientras Capitán Pescanova intentaba dar coherencia a las palabras monosilábicas que salían del fondo de sus cojones, yo tambien intercambié dos besos con la pobre moza a la vez que le espetaba un falso: "Buen concierto, muchacha!". Pero la sorpresa y el momento cumbre estaban por llegar. Justo despues de retirar mis labios de esas esplendidas mejillas que jamas (...si, jamás...) besaré, metí mi mano en el bolsillo (de la chaqueta, mal pensados!) y, extrayendo dos pequeños sobres, le dije a Soraya mientras se los entregaba: "Ah, por cierto. Esto es un detalle de... de el club de fans!"; que Capitán Pescanova adornó con un: "Si, si. Cuando vuelvas por Lleida nos tienes a los dos para lo que quieras".
Sorprendida, tanto de los sobres que le acababa de entregar como de nuestras bizarras pintas, miró los sobres con cara de no saber bien del todo como actuar. Cabe decir, claro, que los sobres contenían una tarjeta con nuestros nombres, teléfonos particulares y, en el caso de Capitán Pescanova, el precio de sus servicios, cifra que asciende a la friolera de 100 eurazos finos finos. Es decir, que no sólo se la quiere cabalgar (este es el momento en el que el público femenino de el blog deja de leer tras darme varias oportunidades) si no que encima le cobra y no poco. 

Creo que pasaron unos cinco segundos en ese momento. Ella nos miraba a nosotros dos y a los sobres; nosotros no le apartabamos la vista de la poco marcada delantera puesto que la vestimenta no acompañaba.
Rápidamente, mi rancio cerebro produjo una frase que nos salvó a los tres de tan incómoda situación: "Ya los abrirás, ya los abrirás!". "Que es, como una sorpresa?" preguntó inocente a lo que contesté: "Si, bueno, no, bueno, mas o menos." Y tan sencillo como esto, dimos media vuelta y nos fuimos.


Tranqui, Robert, que una mala tarde la tiene cualquiera.


Aún esperamos su llamada sin perder la esperanza.
Ambos nos consolamos con unos "y si...?" cada vez que Capitán Pescanova y yo cruzamos una mirada y entrevemos, el uno en el otro, esa ojos cristalinos que indican el derrame de unas inminentes lágrimas saladas. Es duro, pero lo vamos sobrellevando.
No osbtante, siempre podremos decir que, aunque fuese por unos segundos, Soraya tuvos nuestros telefonos.

Y si un día se aburre tanto que (eso si no ha tirado, quemado, roto, lanzado, olvidado, triturado, mojado, deshecho, desintegrado, despedazado o arrojado las tarjetas) nos llama? 

viernes, 31 de octubre de 2008

"Sopa de Pepino III producciones" presenta: Estudios psicosociológicos Vol.I

Esto me pasa por ser así, es decir, un tipo de persona que siempre aparenta estar de coña y riéndose de todo, incluido lo malo. Ese tipo de persona que del 89,2% de aquello que está contando o no viene al caso o no tiene sentido alguno o es totalmente ficción. No puedo evitarlo, prefiero pasar el máximo de tiempo posible de buen humor y riendo (casi siempre solo y de las mismas mierdas que se me ocurren) a estar, por ejemplo, serio, algo a lo que no encuentro utilidad alguna y ademas, es aburrido.

El problema de esta actitud estándar que muestro tiene lugar cuando he de relatar algo verídico, serio o, simplemente, tal y como es, sin exageración alguna, puesto que el oyente (si me escucha verdaderamente y no finge como en la mayoría de casos) tiende directamente a no creer aquello que digo.


Amy tambien prefiere reir.


Ejemplo de ello podría ser perfectamente cuando hago algún comentario sobre mis compañeros de trabajo al que actualmente me dedico. Alguna vez puede surgir alguna broma, algun chascarrillo entorno a ellos que, evidentemente, es tomado como una simple chanza. Pero cuando este servidor se decide a relatar algún hecho ocurrido durante la jornada laboral que la ha impresionado sobremanera se produce un silencio de incredulidad. "No puede ser", piensan los presentes.

¿Qué quiero decir con todo esto? Exacto, que mis compañeros de trabajo son auténticos especímenes dignos de ser estudiados en los laboratorios  y clases de todas las facultades y universidades de psicología con el fin de dar a conocer esta clase de fénomenos. Estoy seguro que cualquier alumno que trabajase en una tesis o doctorado sobre el comportamiento y desarrollo social de dichos personajes obtendría una formación excelente para poder tratar posteriormente a cualquier paciente.


Otro que pide a gritos ser estudiado.


Como apunte extra, no quiero dar a entender que éste que escribe sea menos extraño, raro o anormal que a los que se refiere. Ni mucho menos. Me incluyo con total orgullo (y rimando incluso) en este selecto grupo de mentes privilegiadas, pero entiendan ustedes, lectores/as inexistentes/as (dudo que alguien aguante semejante parrafada) de "Sopa de pepino III", que para uno mismo, lo ajeno a su persona parece menos corriente. O lo que es lo mismo, los pedos de los otros huelen mas y peor que los propios. Lanza y encesta.

Así pues, en próximas entradas, trataré de desgranar las muchas cualidades y excepcionales talentos que acaparan mis compañeros con fines totalmente didácticos (...) y pedagógicos (...), todo ello marcado siempre bajo la pauta del total respeto (...) y la máxima confidencialidad.


Matt celebra este inminente estudio ya que 
llevaba tiempo esperándolo.


No digáis que no os avisé...

jueves, 30 de octubre de 2008

Ser pobre es una puta mierda

Si, ser pobre es una puta mierda, por si nadie se había percatado todavía.
Si ocupase una clase socio-económica alta doy por hecho que estaría, ahora mismo, dictando estas palabras a una esbelta joven de 18 añitos desnuda mientras que otra esbelta joven de 18 añitos desnuda estaría currandose unas filicas sobre su terso vientre a la vez que una tercera esbelta joven de 18 añitos desnuda estaría ordeñando mi sable láser. Esto es asín.


He aqui la culminación de mis asipraciones.


Por contra, aquí me encuentro, tecleando solo, sobrio y con Fernando destemplado, pues hace tanto que una fémina no se me acerca a unos 5 metros (los mínimos que sentenció el juez) que ya ha perdido toda ilusión en esta vida.
En ocasiones amenza con buscarse otro cuerpo menos fofo y más fornido, sobretodo desde que ambos vimos "300". A veces me lo deja caer sin previo aviso, me suelta indirectas muy directas como "¿Has visto que gañanazos? ¡Madre mía, si estuvieses así nos íbamos a hinchar!" o, de manera aún menos sutil, "¡Puto gordo de mierda! ¿Con esa panza y esa puta cara de gilipollas como quieres que follemos?"
Si, lo reconozco: Fernando es un faltón, un impertinente y un ordinario como pocos. Te suelta las cosas así, sin delicadeza alguna y, como uno sea un poco sensible, como es el caso de este humilde servidor, te puede llegar a hacer daño de verdad. Últimamente no nos hablamos mucho, que digamos. Si nos cruzamos nos hacemos el crazy man, yo haciendo ver que hablo por el teléfono movil, él encogiéndose por el frío que ha llegado de golpe, o eso dice. Lo jodido es que el otro día mientras fingía hablar recibí una llamada de Capitán Pescanova que me delató en el acto. Fue una situación un tanto incómoda.

Así pues, como decía hace unas lineas, es una putada ser pobre y mas en un mes en el que pueden llegar a juntarse acontecimientos inleudibles como el estreno de "Quantum of Solace", las salidas a la venta de "Gears of wars II"y "Call of duty World at war" entre otros, amén del concierto de (oh!) Soraya Arnelas. Sambísima, que diría Jose.

Si al hecho de cobrar un sueldo de tres cifras añadimos la eterna (o a mi me lo esta pareciendo) constante de que me veo en la situación de mantener a una familia de padre, madre, abuela y treinta y siete hermanos que me estoy inventando a media que tecleo, todos y cada uno de ellos con sus vicios, ya podemos ir vislumbrando que o bien me haré un hartón de limpiar sables, pulir manubrios y zurrar sardinas o deberé escoger entre tal inminente ambrosía ociosa.

Para que lo entendais mejor os pongo un ejemplo gráfico:
Chuck vendría a ser mi economía y un servidor es el que recibe.


No obstante, y manteniendo desde siempre esa fe ciega en la humanidad y solidaridad de las personas, desde la más humilde y sencilla hasta la mejor posicionada y déspota de mierda (...déspota de mierda... pura poesia), abrigaré la esperanza de que algunas almas desinteresadas me tiendan una mano cálida e ingresen en mi agriada cuenta corriente un pequeño donativo (donatif, en francés).

Interesados, dejen nota en la sección "Comentarios". Gracias.

martes, 28 de octubre de 2008

A ese virus que vive en mi

Llevo casi dos semanas o incluso podría que más (en mi actual trabajo uno pierde la concepción del tiempo tal y como es conocida popularmente) medio griposo. Espero. 
Digo espero porque a pesar de que debería pedir hora a mi médico de cabecera y que me recetase aquello que sea más conveniente según los síntomas de mierda que éste que escribe padece, prefiero quedarme en casa automedicándome, viendo películas de serie B y seguir quejándome al igual que los ancianos de las obras a los que el pobre obrero nunca agradará haga lo que haga.


Putadas como estas me casco cuando enfermo.


Pues esta duda se origina por que soy de esas personas que odia ir al médico. 
No soporto ese olor a cerrado y la calefacción alta a modo de hervidero. Incluso cuando era crío, mas aún, recuerdo que cerraba la boca e intentaba respirar lo justo pensando que allí cogería algo peor con ese ambiente tan cargado. 
Tampoco me agrada ver personas enfermas. Estan ahí, tosiendo, ahogándose, luchando por vivir. Por un lado los hay me dan la sensación que estan en tan mal estado comparado al mío que me avergüenza sentarme a su lado e ir al mismo doctor por un simple resfriado. Creo que estos me miran con odio y envidia. A veces tengo pesadillas con estos ingredientes.
Y por otro lado, y para no pecar de hipócrita, tambien estan los que me dan grima porque los ves tan jodidos que crees que entraste con una otitis de mierda (que hay que ser gilipollas para "inventar" un síntoma tan molesto) y saldrás con un tumor o algo peor (si, ya sé que los tumores no se extienden por arte de magia pero esperad a que aprendan...). 
Algunos te miran con cara a lo moribundo. A veces llego a pensar que mas les valdría que empezasen a dirigirse a una funeraria y a encargar su propia esquela.
Por cierto, yo seré de esos, de los que encargan su propia esquela. No quiero que nadie me ponga cualquier mierda o que me deje por los suelos. Ya que he vivido yo toda mi puta vida y me he estado aguantando durante los años que mi cuerpo haya resistido, que menos que ser yo, que me conozco mejor que nadie, el que hable sobre mi en un momento tan significativo (el último, para ser mas exactos). Y encima si mi esquela la publico en un periodico local y puede ser leída por cualquiera. Supongo que me atribuiré algun título nobiliario o méritos ajenos como el descubrimiento de los rayos infrarrojos, amén de los 25 centímetros de Fernando que campaban por entre mis piernas. 
Tampoco me gusta ir al médico por la espera. Nunca me ha gustado esperar si no es sentado en un banco y a una bella señorita como fin (cosa que sólo se ha dado una vez, si mis calculos no fallan) o sentado (again) en una butaca y frente a una gran pantalla en blanco los minutos antes de que empiece la película de turno (cosa que se ha dado unas muchas cuantas veces, si mis cálculos no me fallan). 
Además me jode esperar para que te digan algo obvio: "Ah, tranquilo, esto es un simple catarro. Te tomas un sobre de estos cada ocho horas y en unos días ya...". Y un servidor con irónica cara de "Ah, si? Vaya, esto es menos imprevisible que un Barça - Sporting." 

No me gusta ir al médico. Así que es posible que siga con esta incertidumbre mientras alojo, inocente, un leviatán en mi interior. 


Cualquier día tengo un despertar tan de puta madre como este.


Imagínense, insociables (y seguramente inexistentes) lectores de "Sopa de pepino III", la inexistente cantidad de situaciones y experiencias interesantes que le ocurren a lo largo del día a este servidor que de esto es de lo único que puede escribir.