Después de todo, quizá no era tan mal compañero.
Supongo que es como todo en esta vida: nunca aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes.
Después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que no diera ni golpe. Bien, se podría decir, siendo honesto, que trabajaba un "poquito". El problema es que ni ese "poquito" era capaz de hacerlo bien.
En lugar de echarme un cable, me daba aún más trabajo al tener que supervisar y corregir todas y cada una de sus cuantiosas cagadas. Tenía un don en ese aspecto. Cuanto más liado me encontraba yo, más caos provocaba mientras lucía una cara de no saber bien donde se encontraba en ese momento. En ningún momento, para ser exactos.
A excepción de ese "poquito", pasaba tanto tiempo sin hacer nada productivo que nunca entendí como no llegaba a aburrirse. Se pasaba horas mirando la pantalla del ordenador (o más bien, el salvapantallas) o las, hasta ahora, blancas paredes de nuestra zona de trabajo. Sin pestañear. Y si pestañeaba era para echar una larga cabezada (aunque él afirmaba no dormir más de un par de horas diarias).
Lo más divertido del caso sucedía cuando, al finalizar un turno en el que prácticamente no había dado golpe, comentaba lo cansado que se encontraba por la faena que habíamos tenido.
Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que no tenía ni idea de lo que hacía. Aún aventajándome por tres años de antigüedad.
Su inseguridad y su falta de memoria eran tales, que era capaz de preguntarte sobre algo que acababas de explicarle cinco minutos antes. Pero evolucionaba ante las caras de sus desperados compañeros y tomaba nota de todo aquello que desconocía (y conocía) en breves apuntes. Apuntes que perdía al acabar el turno.
Nunca antes había conocido a alguien con la "habilidad" (seguramente muy útil en según que casos) de desaprender.
"Welcome"
Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de su alarmante y descarada falta de compañerismo. Increiblemente hábil para pasarte un marrón, era capaz de negarte un cambio de turno incluso sin haber mencionado el día a cambiar en cuestión. Cumplía además a la perfección uno de los mandamientos del trabajador mediocre español: último en llegar, primero en irse.
No importaba cuan jodidos se hallasen o no sus compañeros. Él siempre tenía una cita (boda, comunión, entierro, comida de invitados, conferencia...) esperándolo.
Sólo se ofrecía a echar una mano cuando una tarea estaba a un 5% de ser finalizada. Al menos se ofrecía, supongo.
Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de que sus contínuos intentos de distracción ajena. Aumentaba el volúmen de la radio cuando intentabas leer; te devolvía todas aquellas llamadas que no acertaba a resolver (un 70%); alzaba demasiado la voz cuando intentabas tratar con un cliente a través del teléfono y desenfundaba conversaciones (del más aburrido silencio) que no venían al caso ni llevaban un rumbo determinado mientras intentabas redactar un informe.
No recuerdo haber ignorado nunca tanto (en cuanto a cantidad y a calidad, es decir, en cuanto a duración y nivel de indiferencia) a una persona. Aún a día de hoy no logro comprender como alguien no es capaz de percatarse de semejante actitud de rachazo.
Aunque, después de todo, quizá no era tan mal compañero.
A pesar de padecer un claro y agudo caso patológico de "pseudología fantástica". Nueve de cada diez anécdotas con las que obsequiaba forzosamente al personal, eran pura invención que mutaban (casi siempre con tendencia creciente) en cada ocasión que las narraba. Y, para colmo, es necesario añadir su ausencia total de memoria. Uno podía encontrar diferencias entre una misma anécdota cuando él olvidaba que ya la conocías, es decir, unos cuatro días después.
Lo cierto es que veo alejarse uno de mis más recurridos temas de conversación: sus historietas.
Quedarán para la posteridad grandes éxitos de ayer y de hoy como "Maradona & me", "El crack de la gimnásia artística", "El crucero de lujo", "El pellizco de las tailandesas" o "Pepe, the great bohemian", pequeños relatos que nosotros, los profetas, nos encargaremos de transmitir a través de generaciones hasta el fin de los días.
...'cos your imagination will be always with you"
Es por todo esto por lo que nunca lograremos olvidarte.
En el sentido más estricto de la oración.














