lunes, 27 de febrero de 2012

4º edición de "Festival de cine en mi habitación"

A pesar de disponer últimamente de menos tiempo libre o disponer del mismo que antes pero peor administrado...


El magnífico blog “Sopa de pepino III” y su atareado y cortimer autor “el exgordo del videoclub” se enorgullecen 
en presentarles la:

4º edición del “Festival de cine de mi habitación
(02/03/04 marzo ’12)

Diez filmes supuestamente dignos de batirse en duelo cinematográfico por ganar nuestra simpatía eterna; 1254 minutos de suspense, drama, fantasía, comedia y acción; con la presencia de celebridades de la talla de la inquietante abuela Consuelo o "Puyi", el perro feliz; equipados con una calidad de imagen y sonido bastante decentes; perfectamente acomodados en una habitación que huele a vida y con un sofá biplaza y alguna silla que encontremos por ahí; con un buen surtido de alcohol, risas, víveres y amor, toneladas de amor; y, como no!, acompañados por la presencia física y los siempre inoportunos comentarios de mierda del “exgordo del videoclub”.
¿Tienes algo mejor que hacer?

   Programación:

VIERNES 02

22:00h. – Apertura de la 4º edición del “Festival de cine de mi habitación” con la proyección de la película “Hugo” (V.O.S.) de Martin Scorsese.

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00:00h. – Breve descanso para soltar lastre y comentarios sobre la película. Por separado, gracias.

00:30h. - Sesión golfa: “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres” (V.O.S.) de David Fincher.

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03:00h. – Comentarios sobre la película en plan rápido, que ya es tarde, y fin del primer día del Festival.


SÁBADO 03

12:00h. – Sesión matutina: Los idus de Marzo” (V.O.S.) de George Clooney.

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14:00h. – Comentarios sobre la película y descanso para el almuerzo.

16:00h. - Primera sesión: Moneyball” (V.O.S.) de Bennet Miller.

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18:00h. – Comentarios sobre la película.

En este punto, el festival se toma un descanso considerable para que su anfitrión y sus invitados puedan asistir a la retransmisión del partido de fútbol de la Liga BBVA, F.C. Barcelona - Real Sporting de Gijón, en otra de las salas de proyección del centro lúdico que es mi casa.

22:00h. – Tercera sesión: “The artist” (V.O.S.) de Michel Hazanvicius.

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00:00h. – Descanso para comprobar que el mundo sigue ahí fuera y comentarios sobre la película.

00:30h. – Sesión golfa: Margin Call” de J.C. Chandor.

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02:30h. – Comentarios sobre la película y fin del segundo día del Festival.


DOMINGO 04

12:00h. – Sesión matutina: “Criadas y señoras” de Tate Taylor.

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14:00h. – Comentarios sobre la película y descanso para el almuerzo.

16:00h. – Primera sesión: Los descendientes” (V.O.S.) de Alexander Payne.

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18:00h. - Descanso y comentarios sobre la película.

19:00h. – Segunda sesión: “El árbol de la vida” de Terrence Malick.

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21:00h. – Conclusiones existenciales sobre la película y descanso para la cena.

22:00h. – Tercera sesión: “War Horse” (V.O.S.) de Steven Spielberg.

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00:00h. – Ceremonia de clausura de la 4º edición del “Festival de cine de mi habitación”. Todos a casa que al día siguiente madrugo.


(Este horario puede verse afectado por cambios de última hora)


Normas del festival: 

- Toda persona que desee asistir a cualquiera de las sesiones debe notificarlo con la mayor antelación posible. Dos personas máximo. Los dos primeros que avisen, triunfan. El resto, deberán conformarse con ser unos putos fracasados. Aquel que desee asistir con compañía del sexo opuesto, será mejor recibido.
- La película es la protagonista absoluta. No es necesario que nadie intente distraer con sus problemas de mierda al exgordo del videoclub, puesto que él ya suele perderse con frecuencia por sí solo con la película. Y nada de mensajitos con el móvil ni hostias que me jode estar parando la película cada dos por tres.
- El exgordo del videoclub dirige, organiza y produce el certamen por completo. No estaría mal que los asistentes colaborasen un poco... Y por si en otras ediciones, este punto no quedaba claro, sí, se agredecerán víveres.
- Advertencia: la abuela Sra. Consuelo y su silla de ruedas y "Puyi", el perro feliz, ya no podrán irrumpir en cualquier momento durante la proyección del filme. Ya tengo puerta. Al menos, deberán dar los protocolarios golpecitos en la puerta antes de pasar. Y como mi abuela no se levanta de la silla y el perro es un jodido perro... I WIN.
- No lo olvides: la sala de proyección estará ubicada en los aposentos del exgordo del videoclub. Una vez allí, pierdes todos y cada uno de tus derechos. Tu culo es suyo.
- Obviamente, se podrán hacer sugerencias o peticiones acerca de los horarios y los filmes seleccionados. Aún siendo un tirano, tengo buen corazón.

jueves, 20 de octubre de 2011

El arte de escoger

Aunque su reloj interno, ese que nos permite intuir de manera más o menos acertada la hora en la que nos encontramos, le dijese que no habían pasado más de diez minutos, lo cierto es que llevaba algo más de una hora en la biblioteca pública. Paseaba indeciso, rondando de arriba abajo la generosa sección de novela de ficción, albergada en una de las tres salas del segundo piso del edificio. La novela de ficción, que estaba formada por una treintena de estanterías de unos cuatro metros de largo por unos dos de alto, convivía armoniosamente en una inmensa y silenciosa estancia de colores fríos y sofás incómodos con las aburridas secciones de no ficción y empresa y economía.
Había empezado a acelerar el paso por la decimosexta estantería, en la que reposaban descansando unos sobre otros, libros de piel oscura y desgastada cuyos autores compartían el insignificante honor de lucir la letra m en la cabecera del primer apellido. Macleod; Marín; Martin; McCarthy

-          Cerramos las puertas en quince minutos – le dijo, con toda la amabilidad posible, una bibliotecaria de cara arrugada y expresión antipática.
El ansioso lector, tras comprobar que se encontraba solo en ese momento y comprender que las palabras iban dirigidas hacia él, se detuvo al lado de “Kafka en la orilla”, de Murakami, Haruki, parpadeó y clavó su mirada en la hortera montura de las gafas que pendían del cuello de la bibliotecaria de cara arrugada y expresión antipática. Y con la mirada perdida, inició una pequeña regresión.
Un recorrido mental que le llevó al punto de partida por el que ahora se encontraba en la biblioteca pública de su ciudad, a falta de un cuarto de hora de que fuese educadamente obligado a abandonar las instalaciones.

¿Qué esta jamelga iba para bibliotecaria? ...señor...

Todo había empezado dos meses atrás, el día en que una de sus sobrinas cumplía ocho años.
Tras haber terminado la jornada laboral y haber comprado un peluche que su hermana, y madre de la niña, le había recomendado, se dirigió rápidamente a la fiesta de cumpleaños a fin de poder inmortalizar con una instantánea el apagado de las velas del pastel.
La fiesta acabó como todas, con los anfitriones celebrando que los invitados volviesen a sus respectivos domicilios y con el homenajeado rendido por tantas emociones y atenciones recibidas.
Tras la celebración, el todavía no ansioso lector ayudó a su hermana y su cuñado a adecentar las habitaciones de la casa por las que habían correteado los niños horas antes. Ya se había despedido de ambos para volver a su hogar cuando sintió la necesidad de darle un beso de buenas noches a la cumpleañera, que hacía un buen rato que dormitaba en su alcoba.
Cruzó el distribuidor de la vivienda con sumo cuidado, prestando especial atención a minimizar los sonidos emitidos por sus pasos. Tomó el pomo de la habitación, en cuya puerta colgaba un cartel dibujado a mano que sólo permitía la entrada a príncipes y nobles de alto rango, y lo giró lentamente.
En el interior, la luz de una pequeña lámpara situada sobre una mesita al lado de la cama, coloreaba una cálida estancia empapada en amaranto, fucsia y blanco y en la que no faltaban docenas de peluches de todas las dimensiones posibles. La niña permanecía en la cama, despierta, charlando con una muñeca anoréxica articulable.

-          ¡Vaya, vaya! Deberías estar durmiendo, ¿sabes? – le reprendió divertido su tío.
-          …es que no puedo dormir… – contestó la sobrina con una vocecita.
Entornó la puerta y se sentó en la cama. Hundió su mano adulta entre los cabellos castaños de la niña y le dio un beso en la frente.
-          Cuando yo no puedo dormir intento recordar todo lo que he hecho durante el día. Y antes de poder llegar al final, acabo por dormirme sin darme cuenta. ¿Por qué no lo pruebas? Hoy tendrás mucho para recordar.
-          Sí, bueno…
Se levantó de nuevo, arropó a su sobrina y apagó la luz de la mesilla.
-          Que duermas bien y descanses mucho – dijo abriendo la puerta.
-          Tío…
-          ¿Si?
-           ¿Me lees un cuento? – preguntó su sobrina con los ojos abiertos de par en par.
-          Claro – contestó él temiendo que se les hiciese demasiado tarde a ambos.

"...de peluches de todas las dimensiones posibles..."

Hurgaba en un estante instalado, expresamente, a suficiente altura como para que sólo un adulto pudiese acceder. Paseaba el dedo índice por los lomos de una amplia colección de libros infantiles sin decidirse por uno.
-          ¿Te parece bien este? – le preguntó a la niña, que se contorsionaba placentera entre las ropas de cama.
-          Mmm, no. Mejor ese – exigía con mimo la pequeña.
-          De acuerdo – y extrajo un libro de una extensión considerable, demasiada para un niño según su criterio.

Cabe añadir, llegados a este punto, que el todavía no ansioso lector no disfrutaba con frecuencia de la afición de leer. Se decantaba por llenar sus horas de entretenimiento con la práctica de algún deporte o con el visionado de películas. Pero, ¿leer? No, leer, no. Consideraba que la lectura le requería demasiado tiempo o continuidad, algo que un partidillo con los amigos o una cinta de acción de noventa minutos no le exigían.
Salvo los periódicos y los informes, albaranes y presupuestos derivados de su trabajo, no leía prácticamente nada. O al menos, no leía por placer. En varias ocasiones, había cogido algún libro pero nunca pasaba de las treinta páginas pues, al día siguiente, no encontraba el momento de proseguir con la lectura. Y esto ocurría también al día siguiente de este y al siguiente y al otro, así hasta acabar olvidando el libro y la narración contenida por completo.

Mientras la niña aguardaba con total expectación, se aposentó nuevamente en un rincón de la cama y echó un vistazo a la cubierta del libro.
En la parte delantera, unos eslabones incandescentes formaban unas cadenas, que a su vez daban pie a un conjunto de palabras. “Las aventuras de Ian Baxter. El año del Fuego”. Debajo del título figuraba el nombre del autor, una tal Dianne Savêt, y abrigando por completo la cubierta, se extendía una bonita e inquietante ilustración en que se podía apreciar unas grandes montañas rocosas por las que el fuego parecía alzarse. A éstas, se dirigía montado a lomos de un ave, que no supe identificar debido a sus desproporcionadas dimensiones y a su pelaje verde malaquita, un joven que cargaba con ambas manos una extraña y reluciente espada. También ojeó la parte trasera de la cubierta, en la que descubrió que éste era el primer tomo de una colección extendida en otras cinco partes. Leyó el título con voz suave.
-          Las aventuras de Ian Baxter. El año del Fuego”.
-          ¡Ese, ese! – jaleaba ella.
Levantó los ojos por encima del libro y contempló a la pequeña extrañándose de la pasión que despertaba en ella un libro semejante, que tan poco indicado parecía para ese tipo de público.

El débil halo de luz desprendido de la lámpara jugaba haciendo divertidas sombras en la pared. La niña se recogía en la cama y abrazaba a tantos peluches como sus brazos podían abarcar. El todavía no ansioso lector abrió el libro y empezó a leer.

martes, 27 de septiembre de 2011

La cola (Vol.II)

Esta última cola estaba resultando más larga que las demás. 
Twisted tornado”, la montaña rusa más espectacular del parque temático, con suficientes loopings y revueltas como para perder el hambre si no se ha comido todavía o sentir nauseas y ganas de devolver el perrito caliente, ingerido media hora antes en una de las paradas de comida rápida de “Villa Jalisco”. Los visitantes del parque acudían a esta atracción en masa como moscas a un buffet de mierda.

    -    …
    -    O el sol te ha acabado por joder la cabeza o te has quedado sin palabras.
    -    Cincuenta por ciento. Te estas quedando conmigo, ¿no?
    -    Para nada.
    -    En serio, ¿estabas… con un tío?
    -    Sí.
    -    …pero tú, ¿desde cuando…?
    -    Pues supongo que tras abandonar la adolescencia inicial, aunque tampoco existe una fecha específica. Sí, más o menos cuando empezábamos a salir por ahí en busca de chicas.
    -    …
    -    Me daba cuenta que me excitaba tanto seducir a tías o como a tíos. Y poco a poco fui yendo algo más lejos de tontear solamente.
    -    Pero tú siempre has estado con tías y… ¡joder, llegaste a casarte y todo!
    -    Sí, ese fue el error. Al principio creía que era algo divertido, sin más. Iba de aquí para allá picando de todo plato al que me apeteciese echar mano.
Cuando conocí a mi todavía mujer, pensé que me dejaría de tonterías y me centraría. Pero supongo que uno no puede fingir lo que siente realmente.
    -    Entonces, ¿eres… gay?
    -    No, no creo. Digamos que en lugar de escoger, prefiero no descartar ningún sexo.
    -    Dicho así suena hasta bien.
    -    Ya. De cualquier manera, lo último que debía hacer, a pesar de lo mucho que quería, y quiero aún, a mi mujer, era comprometerme. Al menos sin tener claro con que sexo quería acostarme cada día.
    -    …joder… aún no acabo de hacerme a la idea de que tú… con otros tíos… ¡Uff, sólo con pensarlo…!
    -    Tómate tu tiempo. Y como intuyo que aún nos queda una media hora más de cola por delante, me voy a mear, tío. ¡Y no dejes que se te cuelen!

La cola acogía personas de toda índole. Niños demasiado jóvenes para semejante atracción (y a los que el corazón se les hacía pedazos en cuanto, finalizada la eterna espera, descubrían con horror que no alcanzaban la altura mínima exigible); señores demasiado mayores para semejante atracción; desinhibidos sin camiseta; desinhibidas en bikini; extranjeros con toda su familia a cuestas a los que todo les parecía bien; alumnos luciendo camiseta de viaje de fin de curso…
Detrás del lugar que ocupábamos en la cola, aguardaba, con loable estoicidad, un padre con dos niños, mellizos, de unos diez o doce años. Se habían estado peleando por un granizado de frambuesa desde que se habían colocado detrás de nosotros. El padre había logrado alcanzar tal estado de impasibilidad que, si la pareja de pequeños cabrones hubiese sido abducida entre todo el gentío, no habría parpadeado siquiera.
Delante, dos jóvenes parejas intentaban minimizar el tiempo de espera entre mimos y chistes tontos. La cosa estaba descompensada. Uno, escuálido, feo y de nariz ganchuda; el otro, gordo, con alopecia prematura y, aparentemente, algo tonto. Ellas, monas, mucho más agradables a la vista y al tacto que sus respectivas parejas. Estaba claro que a ellos les había tocado el premio gordo y a ellas la pedrea. Y seguro que los dos infelices ni se percataban. Demasiado pollo para tan poco arroz, como dice aquel.

Mi amigo abandonó la cola con destreza, sorteando todo tipo de obstáculos, hasta encontrarse con mi pareja. Intercambiaron unas palabras, bebió de la botella de agua que ella llevaba y se separaron de nuevo.
Ella, como ahora estaba haciendo mi amigo, había aprovechado el lento avance de la cola para refrescarse en una fuente, que emulaba ser un cubo agujereado por la acertada puntería de algún forajido, y para comprar agua fresca para los tres.
Se reunió conmigo, me besó en la mejilla y se sentó en una de las barandillas que daban forma al laberíntico recorrido que debíamos sufrir antes de poder montar en el “Twisted tornado”, al que había ido cogiendo algo de tirria progresivamente.

    -    Pensaba que estaría algo más afectado, ¿no?
    -    Sí, sí, está bastante bien. Creo que mejor que ella, incluso.
    -    ¿Habéis… hablado sobre el tema?
    -    Nah, poca cosa…
    -    …
    -    ¿Sabes, cariño? Empiezo a creer que es en las colas donde se conoce realmente a las personas.


Desde SopadePepinoIII deseamos (deseo) mostrar todo nuestro
apoyo y respeto al amor entre diferentes sexos. Y especies.